Pitágoras

 

Pitágoras, cuya vida parece haber discurrido entre los años 572 y 500, procedía de la isla de Samos y estableció en Crotona (Magna Grecia) una escuela que, junto a su carácter filosófico poseía la modalidad de secta religiosa y de liga política. El pitagorismo representa un movimiento cubierto por los velos de la leyenda. La doctrina de Pitágoras y de los pitagóricos de los primeros tiempos puede exponerse de la manera siguiente:

  1. La ciencia de los números. Pitágoras, llevó a Grecia la cosmología jónica que fue poco a poco substituida por una especie de matematismo físico que constituye la ciencia de los números. Los pitagóricos establecían, en conexión con las matemáticas y la música, que los números constituían la esencia de las cosas. Así, por ejemplo, el número 3 representa el matrimonio; el 4 la justicia, etc. Los números tenían además, ciertas relaciones con las formas geométricas. El 3, el 6, el 10, eran representados por puntos en forma de triángulo; el 4, el 7…en forma de cuadrado. También ponían los números en relación con los acordes musicales. Por otra parte, ponen la aritmética en relación con la geometría de los números: 1 es el punto; 2 la línea; 3 la superficie; 4 el cuerpo sólido. La suma de los cuatro primeros, es decir, el 10, era también un número triangular, la tetractys, por la cual hacían juramento los iniciados en la secta.

Los números y la armonía eran considerados como la esencia del mundo, y ello porque en los ciclos astronómicos, como en los trozos musicales, se revelan relaciones numéricas susceptibles de ser enunciadas según las leyes matemáticas.

  1. La doctrina de la metempsicosis. La idea de la metempsicosis o la transmigración de las almas es muy antigua y, desde luego, anterior a Pitágoras. Las almas preexisten y sobreviven al hombre, transmigrando a través de los cuerpos de hombres y animales. La formulación que esta teoría adquiere para los pitagóricos es muy interesante. El alma procede del Uno, a través del fuego. Debido a una cierta culpa original, cae en el mundo sensible y se une a un cuerpo en el que encuentra su cárcel. El cuerpo es para el alma el lugar de expiación. Hasta que no alcance la justicia original, debe el alma pasar por reencarnaciones sucesivas en distintos cuerpos.
  2. Doctrina moral. La filosofía pitagórica concluye en una especie de misticismo religioso de base psicológica y cósmica. Todo procede del Uno y al Uno debe retornar. Entre la procedencia original y el retorno definitivo está situado el despliegue temporal de la incesante movilidad. En relación con el alma, este despliegue debe consistir en el ejercicio de la virtud concebido como armonía, es decir, como una ley de justicia entre la sensibilidad y la racionalidad. Despliegue que es trasladado al devenir cósmico puesto que también las cosas del cosmos han de superar las contrariedades y cumplir con la suprema ley de la armonía. De no ser así, tanto las almas como las cosas están sujetas a nuevas transmigraciones. Cuando todo se haya cumplido y la purificación y expiación sean absolutas, cosas y almas retornarán al Uno. Es así como el término del proceso enlaza con el comienzo y el fin del cosmos se confunde con el principio.

Pitágoras era muy exigente para la admisión de los novicios en su escuela. Los jóvenes que querían entrar en ella, debían someterse a un tiempo de prueba y de ensayo. Después que eran presentados por sus padres o por alguno de los Maestros eran admitidos en el gimnasio pitagórico, donde se dedicaban a los juegos de su edad. Pero este gimnasio era diferente al de la ciudad porque allí no se escuchaban gritos, grupos ruidosos, fanfarronería o vana demostración de fuerza ni desafíos entre unos y otros, sino que lo que se veía eran grupos de jóvenes afables y distinguidos, paseándose dos a dos o jugando en la arena. Los recién llegados eran invitados a tomar parte en sus conversaciones y en la arena se entrenaban en la carrera, lanzamiento del venablo y del disco. También simulaban combates bajo forma de danzas dóricas porque Pitágoras había eliminado de su instituto la lucha cuerpo a cuerpo diciendo que era superfluo y peligroso desarrollar el orgullo y el odio con la fuerza y la agilidad y que los hombres destinados a practicar las virtudes de la amistad no debían luchar unos con otros y derribarse como bestias feroces. Un héroe verdadero sabría combatir con valor pero sin furia pues el odio nos hace inferiores a cualquier adversario. Los recién admitidos eran alentados a expresar sus opiniones y a contradecir libremente a los novicios y así, el ingenuo pretendiente mostraba rápidamente su verdadera naturaleza. Los Maestros les observaban sin corregirles nunca y Pitágoras se aparecía inesperadamente para observarles. Prestaba especial atención a la actitud y a la risa de los jóvenes. Decía que la risa manifiesta el carácter de una manera indudable y conocía tan profundamente la fisonomía humana, que sabía leer en ella el fondo del alma.

Al cabo de algunos meses se realizaban las pruebas definitivas, que eran imitaciones de las que utilizaban en la iniciación egipcia aunque menos severas y adaptadas a la naturaleza griega que no hubiese resistido los rigores de aquella. Hacían pasar la noche al aspirante pitagórico en una caverna de los alrededores donde pretendían que había monstruos y apariciones. Aquellos que no resistían la experiencia y huían eran considerados débiles para la iniciación y los despedían.

La prueba moral era más seria. Repentinamente y sin preparación, encerraban una mañana al aspirante en una celda triste y desnuda. Le dejaban una pizarra ordenándole con frialdad que buscara el sentido de uno de los símbolos pitagóricos, por ejemplo: "¿Qué significa el triángulo inscrito en el círculo?" O bien "¿Por qué el dodecaedro comprendido en la esfera es la cifra del universo?". Pasaba 12 horas en la celda sin más compañía que un pedazo de pan y un vaso de agua. Después era llevado a una sala donde estaban reunidos los novicios quienes tenían ordenes de burlarse despiadadamente del joven que comparecía ante ellos como un culpable. "He aquí, decían, al nuevo filósofo ¡Qué semblante tan inspirado! Va a contarnos sus meditaciones. No nos ocultes lo que has descubierto. De este modo meditarás sobre todos los símbolos. ¡Cuándo estés sometido un mes a este régimen, verás cómo te vuelves un gran sabio!

Pitágoras observaba entonces cuidadosamente la fisonomía del joven y si el aspirante, cansado y hambriento, perdía el control y renegaba de la escuela y su maestro, o contestaba malhumorado o cínicamente era informado que no había pasado la prueba del amor propio e invitado a marcharse. A veces estos candidatos rechazados se volvían feroces enemigos de la orden, tal como Cylón, que más tarde amotinó al pueblo contra los pitagóricos y produjo la catástrofe de la orden. Los que al contrario, soportaban los ataques con firmeza, eran solemnemente admitidos en el noviciado.

Comenzaba el noviciado con la preparación (paraskeié), que duraba entre dos y cinco años. Los novicios u oyentes (akusikoi) estaban sometidos durante las lecturas que recibían a la regla absoluta del silencio.

El segundo grado: era la purificación (Katharsis). Decían los antiguos que era "un día de oro" aquel en que Pitágoras recibía al novicio en su morada y le aceptaba solemnemente como su discípulo. Se entraba en relaciones directas con el maestro; penetraba al patio interior de su habitación, reservada a sus fieles. De ahí el nombre de esotéricos (los de dentro), opuesto a exotéricos (los del exterior). La verdadera y trascendente iniciación comenzaba entonces. Era instruido completa y razonadamente en la doctrina oculta de Los números-La Teogonía

El tercer grado: perfección (Teleiotes) desgarraba el velo de La cosmogonía y la psicología-La evolución del alma.

El cuarto grado: Epifanía o vista desde la altura; la autopsia o vista directa; la teofanía o manifestación de Dios son ideas correlativas y expresiones diversas para señalar el estado de perfección en que el iniciado, que había unido su alma a Dios, contempla la verdad total.

Pitágoras vivió treinta años en Crotona. En veinte años había adquirido tal poder que algunos le llamaban semidiós. Su poder se extendió a otras ciudades y estados. Pero, el resentido Cylón, antiguo aspirante rechazado, agitó contra Pitágoras leyendo a las masas extractos robados y distorsionados del libro secreto titulado "La Palabra" (hieros logo). Una tarde Cylón amotinó a sus bandas y cercaron la casa donde estaban reunidos el maestro y los cuarenta miembros principales de su orden. Las hordas incendiaron el local muriendo treinta y ocho de ellos y el mismo Pitágoras, unos en las llamas del incendio y los otros asesinados. Solamente Archippo y Lysis escaparon del degüello.

La influencia regeneradora de Pitágoras sobre Grecia fue inmensa y se ejerció misteriosamente, pero de modo seguro por medio de los templos por donde pasó. En el fondo de su doctrina brilla el sol de la Verdad-Una. Pitágoras fue un adepto, un iniciado de primer orden, poseyó la vista directa del espíritu, la clave de las ciencias ocultas y del mundo espiritual.