Orfeo

 
   Fue el genio animador de la Grecia sagrada, el despertador de su alma divina. Su lira abarca el universo y cada una de sus cuerdas responde a una modalidad del alma humana, conteniendo la ley de una ciencia y de un arte. Fue hijo del rey tracio Eagro, atribuyéndose la maternidad frecuentemente a la Musa Calíope, aunque también se citan Polimnia y Urania. También él fue rey de Tracia, alcanzando gran fama como músico y poeta. Tocaba la lira, y se dice que fue el inventor de la cítara o, por lo menos, el que añadió en honor de las musas dos cuerdas más a las ya existentes. Con sus dulces cantos amansaba a las fieras y hacía que los árboles y las rocas se inclinaran ante él, enseñándose durante mucho tiempo en Tracia unos robles que él habría dejado en movimiento de danza. Se dice que incluso dulcificaba el carácter de los hombres. Soberano inmortal, fue tres veces coronado: en los infiernos, en la tierra y en el cielo y marcha con una estrella en la frente por entre astros y dioses.
   Tras una visita a Egipto, donde pidió asilo a los sacerdotes de Memphis y después de atravesar sus Misterios, se unió Orfeo (nombre que significa Aquel que cura por la Luz) a los Argonautas, teniendo como misión marcar la cadencia a los remeros. Desempeñó un gran papel en la expedición calmando las tempestades con su canto y tranquilizando a los remeros. Venció a las Sirenas cuando estas quisieron atraer a los Argonautas y también conjuró un peligro calmando un día a unos borrachos con su lira.
     A su regreso se casó con Eurídice, protagonizando uno de los mitos más célebres y de mayor simbolismo. A su alrededor se tejió la teología órfica, favorecida por una abundante literatura de rico contenido que se atribuía a Orfeo. Se suponía que éste, a su vuelta de los Infiernos, había aconsejado sobre la mejor manera para que el alma sortease las dificultades después de la muerte. Tuvieron tal vigencia las creencias órficas, que influyeron en las creencias primitivas cristianas.
     Los hechos fueron así: Un día Eurídice se encontró en el valle del Tempe con Aristeo, que trató de forzarla. Huyó despavorida, pero con la mala suerte de pisar una serpiente, muriendo a causa de la mordedura. Orfeo desesperado, decidió bajar a los Infiernos, encantando con su lira a Caronte, a Cerbero, a los Tres Jueces, e incluso a los dioses infernales. Los poetas contaban que llegó a paralizar por un momento la tortura de los condenados. Hades, impresionado, convino en que se llevara a Eurídice, con la condición de que ella le seguiría y que Orfeo no podría volverse a mirarla hasta que llegasen a la luz del sol. Orfeo aceptó, guiando a Eurídice a través de la oscuridad con el sonido de su lira. No pudo sin embargo resistir la tentación, inquieto por si el dios le había engañado, Orfeo se volvió, desapareciendo entonces Eurídice para siempre. Otra versión cuenta que Orfeo se volvió cuando ya él había salido, pero no Eurídice, por lo que desobedeció de todos modos la orden del dios.
     Por su ciencia y entusiasmo, Orfeo arrastró tras de sí a la mayor parte de los tracios, transformó completamente el culto de Baco, oponiéndose a las bacantes y pronto su influencia penetró en todos los santuarios de Grecia. Él fue quien consagró la majestad de Zeus en Tracia, la de Apolo en Delfos, donde instituyó las bases del tribunal de los Anfictiones, que llegó a ser la unidad social de Grecia.         Con la creación de los misterios, formó el alma religiosa de su patria. Fundió la religión de Zeus con la de Dyonisos en un pensamiento universal. Los iniciados recibían por sus enseñanzas la pura luz de las verdades sublimes; y aquella misma luz llegaba al pueblo más templada, pero no menos bienhechora, bajo el velo de la poesía y de encantadoras fiestas.
Su muerte se produjo a manos de las bacantes inflamadas de odio y algunos tracios que las secundaban, descendiendo una vez más a los infiernos para subir de nuevo al cielo. Las bacantes aterradas y los tracios sobrecogidos por el horror de su crimen, huyeron luego lanzando gritos de angustia.
     El cuerpo de Orfeo fue quemado por sus sacerdotes, y sus cenizas llevadas a un santuario lejano de Apolo. La tradición de Orfeo, su ciencia y sus misterios se perpetuaron allí difundiéndose por todos los templos de Júpiter y Apolo.