Jesús

 

     Hay algunos años en la vida de Jesús sobre los cuales se cierne el silencio ¿Qué hizo Jesús de los trece a los treinta años?. Nada dicen sobre ellos los Evangelios. Pero sí sabemos que todo profeta, necesita pasar por la Iniciación.
     Tanto la tradición esotérica de los teósofos de la antigüedad como la de nuestros tiempos, están de acuerdo al afirmar que solamente los esenios podían iniciar al Maestro Jesús.
¿Quiénes eran los esenios?… Según el filósofo griego de origen judío Filón de Alejandría (¿13? a.C.-54) quien revelara sus costumbres y doctrina secreta, eran sobre todo conocidos como terapeutas o sanadores, mediante los poderes del Espíritu. El nombre de esenios que se habían dado, procede de la palabra siríaca Asaya que quiere decir médicos; en griego, terapeutas. Los esenios eran médicos del cuerpo y del alma. La orden de los esenios continua en tiempos de Jesús el último resto de las cofradías de profetas organizadas por Samuel. El despotismo de los tiranos de Palestina, los celos y la envidia de un sacerdocio ambicioso, las obligaban al retiro y al silencio. No luchaban como lo habían hecho sus predecesores por conservar la tradición, sino que se contentaban con conservarla. Tenían dos centros importantes: uno en Egipto, a orillas del lago Maôris; el otro en Palestina, en Engaddi, a orillas del Mar Muerto. Según Josefo (37-¿100?) "Estudiaban con gran cuidado ciertos escritos de medicina que trataban de las virtudes ocultas de las plantas y de los minerales." Algunos poseían el don de la profecía, como Manahem, que había predicho a Herodes su reinado. "Sirven a Dios, dice Filón, con gran piedad, no ofreciéndole víctimas, sino santificando su espíritu. Huyen de las poblaciones y se dedican a las artes de la paz. No existe entre ellos un solo esclavo; todos son libres y trabajan unos para otros." Las reglas de la orden eran severas. Para entrar en ella se precisaba el noviciado de un año. Si se habían dado suficientes pruebas de templanza, se era admitido a las abluciones, sin entrar, no obstante, en relación con los maestros de la orden. Eran necesarios todavía dos años más de pruebas para ser recibido en la cofradía. Se juraba observar los deberes de la orden y nunca traicionar sus secretos. Sólo entonces se podía participar en las comidas en común, que eran celebradas con gran solemnidad, constituyendo el culto íntimo de los esenios. El vestido utilizado en esos banquetes se consideraba sagrado y se lo quitaban antes de comenzar a trabajar. Aquellos fraternales ágapes eran una especie de forma primitiva de la Cena instituida por Jesús y comenzaban y terminaban con una oración. Allí se deba la primera interpretación de los libros sagrados de Moisés y de los profetas. Pero en la explicación de los textos, como en la iniciación, había tres sentidos y tres grados. Muy pocos alcanzaban el grado superior. Toda esta organización tiene un parecido asombroso a la organización de los pitagóricos y todo existía, con ligeras variantes entre los antiguos profetas, porque encontramos lo mismo en todas partes donde la iniciación ha existido. Hay que mencionar que loe esenios, igual que la doctrina órfica y pitagórica profesaban el dogma esencial de la preexistencia del alma, consecuencia y razón de su inmortalidad.: "El alma, al cuerpo por un cierto encanto natural, queda en él como encerrada en una presión; libre de los lazos del cuerpo, como de una gran esclavitud, de él se escapa con alegría" (Josefo, A.J. II, 8)
 
     Entre los esenios, los hermanos propiamente dichos vivían dentro de la comunidad de bienes en el celibato, en lugares retirados, trabajando la tierra, educando a veces a niños extraños a la orden. En cuanto a los esenios casados, formaban una especie de tercera orden afiliada y sometida a la otra. Eran silenciosos, dulces y graves, cultivando aquí y allá las artes de la paz. Entre ellos habían tejedores, carpinteros, viñadores o jardineros; jamás armeros ni comerciantes. Esparcidos en pequeños grupos en toda la Palestina, en Egipto y hasta en el Monte Horeb, se daban entre sí la hospitalidad más cordial. Por ello vemos viajar a Jesús y a sus discípulos de pueblo en pueblo, seguros de encontrar siempre un albergue. "Los esenios, dice Josefo, eran de ejemplar moralidad; se esforzaban en reprimir toda pasión y todo movimiento de cólera; siempre benévolos en sus relaciones, apacibles, de la mejor fe. Su palabra tenía más fuerza que un juramento; por eso consideraban al juramento en la vida ordinaria como cosa superflua y como un perjurio. Soportaban con admirable fuerza de alma y la sonrisa en los labios, las más crueles torturas antes de violar el menor precepto religioso."
     No debe sorprender que Jesús se sintiera atraído por los esenios por una afinidad natural, como ellos miraba el amor al prójimo como el primer deber; la prohibición de jurar para atestiguar la verdad; el rechazo a la mentira; la humildad; la institución de la Cena, pero con un nuevo sentido, el del sacrificio. Acogido como un hermano, saludado como un elegido, debió adquirir sobre sus mismos maestros, un invencible ascendiente por sus facultades superiores, su caridad y ese algo divino que difundía todo su ser. Recibió de ellos lo que los esenios solo podían darle: la tradición esotérica de los profetas y por ella su propia orientación histórica y religiosa. Comprendió el abismo que separaba la doctrina judía oficial de la antigua sabiduría de los iniciados, verdadera madre de las religiones, aunque siempre perseguida por Satán, el espíritu del mal, del egoísmo, odio y negación unido al poder político absoluto y a la impostura sacerdotal. Aprendió que el Génesis encerraba en su gigantesco simbolismo, una cosmogonía y una teogonía bien alejadas de su sentido literal. Observó los días de Aelohim o la creación eterna por la emanación de los elementos y la creación de los mundos; el origen de las almas flotantes y su vuelta a Dios por las existencias progresivas o las generaciones de Adán. Quedó fascinado por el profundo pensamiento de Moisés que había querido preparar la unidad religiosa de las naciones, creando el culto del Dios único y encarnando esa idea en el pueblo.
Conoció la doctrina del Verbo divino, ya enseñada por Krishna en la India, por los sacerdotes de Osiris, en Egipto, por Orfeo y Pitágoras en Grecia, y conocida entre los profetas por el nombre de Misterio del Hijo del Hombre y del Hijo de Dios. Según esta doctrina, la más elevada manifestación de Dios es el Hombre, que por su constitución es la imagen del ser universal y posee sus facultades pero que, en la evolución terrestre de la humanidad Dios está como esparcido y fraccionado en la multiplicidad de los hombres, y mutilado en sus imperfecciones. Entre la humanidad Jesús sufre, se busca, lucha en ella; es el Hijo del Hombre. El Hombre Perfecto, el Hombre-tipo que es el pensamiento más profundo de Dios, vive oculto en el abismo de sus deseos y su poder.
     En ciertas épocas, cuando la humanidad debe ser rescatada de ese abismo y lanzada más alto, un Elegido se identifica con la divinidad, la atrae a si por la sabiduría, la fuerza y el amor, manifestándola luego a los hombres. Entonces la divinidad, por la virtud y el soplo del Espíritu, está completamente presente en él; el Hijo del Hombre se convierte en El Hijo de Dios; y su verbo viviente. En otros momentos habían existido Hijos de Dios; pero desde Moisés no había vuelto a florecer ninguno en Israel. Todos los profetas esperaban a aquel Mesías.
Jesús pasó una serie de años entre los esenios. Se sometió a su disciplina, estudió con ellos los secretos de la naturaleza ejercitándose en la terapéutica oculta. Dominó por completo sus sentidos para desarrollar su espíritu.
      Jesús, que sentía crecer interiormente su vocación profética pero aún buscando Su camino, llegó al desierto de Jordán con algunos hermanos esenios que le seguían ya como un maestro y quiso ver al Bautista, oírle y someterse al bautismo público. Deseaba entrar en escena por un acto de humildad y de respeto hacia el profeta, que osaba elevar su voz contra los poderes del día, y despertar de su sueño el alma de Israel.
"Enmendaos, decía Juan, preparad las vías del Señor, arreglad sus senderos". Llamaba a los fariseos y saduceos "raza de víboras" y agregaba que "el hacha está ya próxima a la raíz de los árboles", refiriéndose al Mesías diciendo "Yo sólo con agua os bautizo, pero Él os bautizará con fuego."
     Cuando Jesús llegó, Juan preguntó "¿Eres el Mesías?". Nada contestó Jesús pero inclinó su cabeza y pidió al Bautista su bendición. Desde aquel día Juan predicó "Es preciso que Él crezca y yo disminuya"…….
¿Cuál era la gran noticia que traía el esenio a su patria galilea para predicar en ella el Evangelio del Reino? ¿Cómo iba a cambiar la faz del mundo? Venía a levantar el velo que la antigua religión de Moisés había lanzado sobre el más allá. "No he venido para abolir la Ley y los Profetas, sino para seguirlos" (Mateo 5:17). Venia a decir: "Creed, amad, obrad y que la esperanza sea el alma de vuestras acciones. Hay más allá de esta tierra un mundo de las almas, una vida más perfecta. Lo sé, de ella vengo y a ella os conduciré. Pero no basta aspirar. Para llegar es preciso realizarla aquí abajo, en vosotros mismos primeramente, después en la humanidad. ¿Por qué medio? Por el Amor, por la Caridad activa."
     Jesús no decía que era el Mesías pero discutía sobre la Ley y los Profetas en las sinagogas. Predicaba a orilla de los lagos y de los ríos, al lado de las fuentes, en los oasis. Curaba enfermos por la imposición de manos. Una mirada le bastaba para sondear un alma y decía "Venid a mí, vosotros que estáis cargados, yo os aliviaré. Mi yugo es ligero y mi carga liviana".
Jesús comenzaba así a realizar en su pequeño grupo el reino del cielo que quería fundar sobre la tierra. El Sermón de la Montaña nos ofrece una imagen de ese reino ya formado en germen, con un resumen de la enseñanza popular de Jesús. ¿Qué anuncia?…"Dichosos los pobres de espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece; felices los que lloran, porque ellos serán consolados." Y enseguida desarrolla, en orden ascendente, las cuatro virtudes dolorosas: el poder maravilloso de la humildad, la tristeza ante la desgracia ajena, la bondad íntima del corazón, el hambre y la sed de justicia. Luego vienen las virtudes activas y triunfantes: la misericordia, la pureza del corazón, la bondad militante; el martirio por la justicia. "¡Dichosos los de corazón puro, porque ellos verán a Dios!". Este reino no florece en las lejanías celestiales, sino en lo interno del ser humano.
     El hijo de María, el Maestro Jesús, el Iniciado Esenio cedió al Cristo mediante el bautismo su cuerpo físico así como sus vehículos etéreo y astral admirablemente armonizados y evolucionados. Con el Cristo apareció por primera vez un Dios por completo encarnado en un cuerpo de hombre.
      El mal, que impide al ser humano la visión del Espíritu, se actualiza en la tierra día a día, por ello Cristo debía vencerlo antes de iniciar su misión. Ayuna durante cuarenta días y supera las tres pruebas a que lo somete Satán, como es llamado en la Biblia..
El príncipe de las tinieblas somete a Cristo a la tentación de los sentidos (por medio del hambre), al temor (mostrándole el abismo en que intenta precipitarle), a la del poder absoluto (ofreciéndole todos los reinos de la tierra). Y por tres veces reaccionó Cristo en nombre de la palabra de Verdad que resonaba en su interior como la armonía de las esferas. Con estas victorias se abre una brecha en el alma humana. Cristo ya puede entrar.
En la educación que da Cristo a su comunidad aparecen nuevamente las cuatro etapas de la antigua Iniciación que formulara Pitágoras: Preparación o Instrucción; Purificación; Epifanía o Iluminación y Suprema Visión o Síntesis.
 
Preparación:
     Anunciando "El Reino de Dios" en el Sermón de la Montaña comienza Cristo la labor. Esta predicación nos muestra su enseñanza popular y significa al mismo tiempo preparación para los más sublimes Misterios que gradualmente revelará a los apóstoles, es decir, a sus más allegados discípulos. Corresponde a la preparación moral en los antiguos Misterios.
"Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los afligidos, porque serán consolados. Bienaventurados los que han hambre y sed de justicia, porque serán colmados. Bienaventurados los de corazón puro, porque verán a Dios".
     Los que reciben estas verdades no miden en verdad su alcance, sino que penetran su sentido con el corazón. Y cuando el Maestro les dice "El Reino de los Cielos se halla dentro de vosotros", rebosan de júbilo.
     En tiempos de Moisés se habla de la Ley, no de Vida. La Vida del Amor entra a la humanidad por medio de Cristo. También Buda aportó al mundo la doctrina del Amor y de la Piedad pero la trajo a través del razonamiento. Buda nos da la Sabiduría del Amor. Cristo nos da la Sustancia del Amor. Trae con Él el Amor, dándose por completo a la humanidad.
 
Purificación:
     En los antiguos Misterios después de la preparación moral e intelectual se procedía a la purificación del alma, encaminada a desenvolver nuevas capacidades para ver el divino mundo.
Cristo, médico del cuerpo y del alma curó paralíticos, leprosos, endemoniados, ciegos y estas curaciones del cuerpo transformaban también el alma restableciendo el equilibrio de las fuerzas en el cuerpo y otorgándoles un rayo de esperanza y de amor. Amor transformado en acción es el don de Cristo.
 
Iluminación:
     Habiéndole pedido los apóstoles a Jesús que les explicara por qué le hablaba al pueblo en parábolas, responde: "Es que a vosotros se os ha dado el conocer los Misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no les es dado. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aún lo que tiene se le quitará." (Mateo 13:11, 12).
Según la conocida tradición, Cristo al resucitar a Lázaro quiso tan solo demostrar a los judíos que Él era el Mesías. Pero esto degradaría a Cristo al nivel de un taumaturgo vulgar.
Cuando Cristo fue anunciado "Señor, se halla enfermo Aquel a quien tu amas". En lugar de acudir al llamamiento, aguarda dos días diciendo a sus discípulos: "No conduce esta enfermedad a la muerte, sino a la divina gloria, para que el Hijo de Dios sea glorificado…Nuestro amigo Lázaro duerme; pero yo le despertaré."
     Cuando Cristo llega frente a Lázaro exclama "¡Levántate, Lázaro!". Esto se refiere realmente a la fase capital de la antigua Iniciación correspondiente al tercer grado cuando el iniciado era depositado por tres días en una habitación obscura donde permanecía casi en estado cataléptico hasta que era despertado por el sacerdote. Había resucitado en cuerpo y alma.
 
Transfiguración
     Epifanía o Visión suprema significaba en la Iniciación pitagórica la íntima comprensión y la asimilación profunda de las cosas contempladas en espíritu. Esta videncia conduce a una concepción sintética del Universo y es la coronación iniciática, es el fenómeno de la Transfiguración.
     Cuando se dio cuenta de que su fin estaba próximo, Jesús se preguntaba si habrían comprendido verdaderamente sus discípulos su misión en el mundo. Muchos imaginaban la llegada del Mesías como un dominador de pueblos por medio de las armas.
"Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con Él. Tomando Pedro la palabra dijo a Jesús: Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco: Escuchadle. Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Más Jesús, acercándose a ellos, les tocó y les dijo: Levantaos, no tengáis miedo. Ellos levantaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. (Mateo 17: 1-8)
 
Resurrección
     La resurrección espiritual es la conclusión y el corolario de la obra entera de Cristo.
Ni el odio, ni la duda, ni el mal han sido desterrados. Ellos no deben desaparecer porque son fermentos para la evolución. Pero después de Cristo nada puede arrancar del corazón del hombre la Esperanza inmortal. Por encima de todos los fracasos y las muertes se escucha
¡Cristo ha resucitado!