Una vieja a un cántaro
FEDRO
 
     Yacía en tierra un cántaro vacío, y ya fuese por
las heces del vino o ya por lo exquisito de su barro, es lo cierto que despedía suavísima fragancia. Violó una vieja, y después de haberle olido, dijo así: «¡Oh suave licor! ¿En qué alabanzas no me desharé al ponderar lo que antes fuiste, mostrando todavía tales reliquias?»
Lo que ahora escribo (dice Fedro) declara cuál debió ser el vigor y elegancia de lo que escribí en mejores días.
 
De las cosas buenas, aun sus vestigios nos deleitan y cautivan.