LOS PUROS

• Un puro es materia y memoria unidas por el humo.

• Es como una pasión: primero se le prende, luego arde rojo, violeta, violento, virulento, luego crea ascuas y cría cenizas: una pasión consumida.

• Es materia recreada, arte que arde.

• Lo que Oscar Wilde dijo sobre la música es aplicable al tabaco: siempre te hace recordar un tiempo que nunca existió.

• Creo, con Casanova, que el mayor placer de fumar está, por supuesto, en el humo.

• Después de fumar el éxtasis sella mis labios.

• Una vez encendido, no se deberá dejar que un puro se apague: eso es todo lo que necesitas para ser (o al menos sentirse como) alguien.

• Los puros, ya sabes, pueden ser pura metáfora.

• Encender un puro es una actividad altamente personal y nadie tiene derecho a inmiscuirse con su fuego y sus modales.

• Churchill era el único fumador capaz de fumarse a sí mismo: sólo fumaba Churchills.

• Uno no debe olvidar que el dispositivo para cortarle la cabeza a un puro se llama también guillotina.

• Después de cenar, incluso si no bebes vino o café o licor, deberías, debes fumar un puro. Es el broche de humo a una buena cena.

• (Debes fumar un puro) departiendo con una mujer que adora el aroma de un puro, pero no se atreverá nunca a confesarlo, ni siquiera a su marido.

• “Cuando le has dado el último tirón al cabo y arrinconas la colilla sin forma, y observas la última nube de humo azul que se difumina en el aire cercano, es imposible, si eres de naturaleza sensible, no sentir una cierta melancolía” (S. Maugham).

• Un puro no es, por supuesto, un club. Pero el puro no es ni para jugar ni para trabajar: el puro es cosa seria.

• Un buen fumador, como un buen amante, siempre se toma su tiempo con su puro.

• Nunca he declarado, como hiciera Kipling con más sarcasmo mordaz que gozo de fumador, que un puro es mejor que una mujer.

• Los puros son como los gatos: a ese lado de la puerta, en una butaca cómoda cerca de un fuego acogedor en invierno, cerca de una ventana abierta en verano.

• El puro crea sus propias imágenes.

• Atiende a su cabeza ardiente, ve cómo el puro fumado se vuelve sólo cenizas y memorias.

• Sumo, fumo, humo —la ruta de todo tabaco—. Arde la tarde, crepita el crepúsculo.

• No hay puros feos, sólo fumadores feos.

• Los cigarrillos son para los labios, los puros para la boca y los dientes.

• Los cigarrillos se fuman sin parar, los puros deben fumarse uno cada cierto tiempo, con todo el ocio del mundo.

• Los cigarrillos pertenecen al instante, los puros son para la eternidad.

• El tabaco siempre se fuma atendiendo al ocio del fumador y no al ritmo de la hebra.

• ¿Cómo se extendió este hábito de fumar por placer desde América hasta Europa? Por barco, por supuesto.

• “Los hombres buenos con... un puro en la boca, poseen grandes ventajas en la conversación. Puedes dejar de hablar si así lo deseas —pero los silencios nunca resultan desagradables, si son seguidos por bocanadas de humo... el puro armoniza a la sociedad y, a un tiempo, al que habla y al tema sobre el que conversa” (Thackeray).

• “Hasta Freud dejó claro que a veces un puro no es más que un puro” (Auden).