La Depresión y la Tercera Edad

      La depresión es una enfermedad como cualquier otra que ataca sin hacer distingos de edad, sexo o nivel social.
      Esta enfermedad puede tener muchas causas que van desde un desorden orgánico hasta problemas emocionales. En ambos casos se puede hacer mucho, pues hay diversos tratamientos que atacan esta afección.
      La tercera edad es uno de los grupos de población más expuestos a la depresión, y aunque tal vez nosotros no pertenezcamos a este grupo tenemos familiares que la pueden estar sufriendo sin que nosotros hayamos reparado en ello.
      Aquellas personas que son mayores de sesenta años tienen cuatro veces más  posibilidades de sufrir depresión. Esto se debe a que por lo general este grupo se siente más cercano a la muerte, ya no se siente útil ni en la familia ni en la sociedad, y muchas veces sus allegados y el sistema en sí los hacen a un lado.
      La depresión al igual que cualquier enfermedad tiene sus síntomas que podemos detectar en nuestros seres queridos o incluso en nosotros mismos. Si se presenta mucho insomnio o fatiga, ansiedad, dolores sin causa física comprobada, llanto sin razón aparente, dependencia del alcohol o de drogas, dejar de salir de la casa, es probable que exista depresión en algún nivel. También pueden haber cambios de temperamento, y en los hábitos alimenticios.
     Generalmente, el adulto mayor que sufre depresión expresará mucha tristeza, y parecerá que se ha echado a morir, aunque no lo diga directamente, pues es posible que sienta que su condición a nadie le va a importar, y que no hará ninguna diferencia que lo diga.
      También puede ser que calle porque no conoce su condición y adjudique todos sus síntomas al hecho de que está viejo.
      La gente con depresión y en especial los de la tercera edad dirán frases como "¿a quién le interesa?", y "¿yo para qué voy a hacer eso?" o incluso podría llegar a decir "yo estaría mejor muerto".
      Lo más difícil en estos casos, es lograr que ellos estén de acuerdo en recibir la atención y el tratamiento adecuados, pues no ven sentido en tratar de mejorar su condición de vida, ya que la vida en sí ya no les interesa, y entonces se vuelve un círculo vicioso.
      El sentimiento de culpa invade a estas personas, y por eso es probable que tampoco digan nada ya que pensarán que su circunstancia actual es totalmente su responsabilidad y no querrán molestar a nadie.
      Si este caso es el tuyo o de alguien que conoces, hay varias acciones que deben tomarse. Lo primero es hablar del asunto y buscar ayuda profesional. Se debe hacer una reunión familiar, pues el apoyo es fundamental. Aquél que esté tratando el caso debe darle el tiempo necesario y además debe producir mucha seguridad.
      No hay que darse por vencido. Aunque no haya una motivación hay que hacer un esfuerzo, pues aunque no parezca la vida de todos es fundamental, sin importar tu edad o tus actividades. También es importante que se busque una actividad para entretenerse y estar ocupado.
      El sedentarismo muchas veces provoca depresión por lo que resulta muy importante ponerse a hacer ejercicios, se puede salir a caminar, ir a nadar o cualquier tipo de actividad física que el médico recomiende según las condiciones de salud que se tengan.
      Por último, es importante seguir el tratamiento a cabalidad y no abandonarse a la tristeza y a la amargura. Estas actitudes pueden volverse un vicio al que nos acostumbramos y luego ya es demasiado tarde. Podríamos no querer volver a estar alegres y buscar una salida radical que no tenga remedio. No hay que olvidar que aunque estemos solos, todos los seres humanos somos invaluables y debemos apreciarnos a nosotros mismos.