Manuel Benítez Carrasco

 1922 -- 1999

Manuel Benítez Carrasco,  nació en Granada el 1 de diciembre de 1922 en pleno corazón del barrio del Albayzín, en la placeta del Salvador a la que tantas veces recitará y en el seno de una familia muy religiosa. Pasó los primeros años de su infancia entre la colegiata albaicinera donde su tío Manuel Benítez Martínez era el coadjutor, la ermita de San Miguel Alto donde su padre ejercía de carpintero y vivía con su familia y las escuelas del Ave María, donde, como él mismo decía, aprendió las primeras letras.

Falleció el  día 26 de noviembre de 1999.

 

Romancillo del Niño  que todo lo quería ser.
 

El niño quiso ser pez,
metió los pies en el río;
...estaba tan frío el río
que ya no quiso ser pez.
 

El niño quiso ser pájaro,
se asomó al balcón del aire;
...estaba tan alto el aire.
que ya no quiso ser pájaro.
 

El niño quiso ser perro,
se puso a ladrarle a un gato;
...lo trató tan mal el gato
que ya no quiso ser perro.
 

El niño quiso ser hombre,
empezó a ponerse años;
...le estaban tan mal los años
que ya no quiso ser hombre.
 

Y ya no quiso crecer,
no quería crecer el niño;
se estaba tan bien de niño...
pero tuvo que crecer.
 

Y en una tarde, al volver
a su placeta de niño
el hombre quiso ser niño,
pero ya no pudo ser.

 

EL PERRO COJO
 
 Con una pata colgando
despojo de una pedrada
paso el perro por mi lado
un perro de pobre casta.
 
Uno de esos callejeros
pobres de sangra y de estampa
nacen en cualquier rincón
de perros tristes y flacos
destinados a comer
basuras de plaza en plaza.
 
Si pequeños por el que fino y ágil
de la infancia
baloncitos de peluche
tibios borlones de lana
los miman, los acurrucan
los sacan al sol, les cantan
de mayores por el que
que se les fue la gracia
los dejan a su aventura
mendigos de casa en casa
sus hambres por los rincones
y su sed sobre los charcos
y que tristes ojos tienen
que recóndita mirada
como si en ella pusieran
su dolor a media hasta
y se mueren de tristeza
a la sombra de una tapia
si es que un lazo no les da
una muerte anticipada.
 
Y yo le llamo pss, pss, pss,
todo  orejas asustadas
todo hociquito curioso
todo sed, hambre y nostalgia,
el perro escucha mi voz
olfatea mis palabras
como esperando o temiendo
pan, caricia o pedradas
no en vano lleva marcad
un mal recuerdo en su pata.
 
Lo vuelvo a llamar pss, pss, pss,
dócil a medias avanza
moviendo el rabo con miedo
y las orejitas gachas.
 
Chasco los dedos le digo: ven aquí no te ago nada
anda vamos ven aquí
y ¡adiós! La desconfianza
que ya se tiende a mis pies
a tiernos aullidos habla.
 
Ladra para hablar mas fuerte
salta, gira, gira, lloran, ríen, ríen, lloran.
Lengua, orejas, ojos, patas
y el rabo es un incansable abanico
de palabras
en su alegría tan grande
que mas que habarme
me  canta.
 
¿ Que piedra te dejo cojo?
si, si, malaya, malaya,
el perro me entiende,
sabe que maldigo la pedrada
aquella pedrada dura
que le destrozo la pata y
con el rabo me esta
agradeciendo la lastima.
 
Pero tu no te preocupes
ya o ha de faltarte nada
yo también soy callejero
aunque de distintas plazas
y a patita coja y triste
voy de jornada en jornada
las piedras que me tiraron
me dejaron coja el alma.
 
Entre basura y tierra
tengo mi pan y mi almohada
¡vamos pues! ¡perrito mío!
¡vamos! ¡anda que te anda!
con nuestra cojera a cuestas
con nuestra tristeza en andas.
 
Yo por mis calles obscuras
tu por tus calles calladas
tu la pedrada en el cuerpo
yo la pedrada en el alma.
 
Y cuando mueras amigo
yo te enterrare en mi casa
bajo un letrero que diga:
“AQUÍ YACE UN AMIGO DE LA INFANCIA.”
               Y en el cielo de los perros
pan tierno y carne mechada
te regalara san roque
una muleta de plata.
¡compañeros! Si los hay
¡amigos! Donde los haya
mi perro y yo por la vida
pan pobre rica compañía.
 
Era joven y era viejo
por mas que yo lo cuidaba
el templo malo pasado
lo dejo medio  sin alma
eran muchos hombres
mucho peso para tres patas
y una mañana el huerto
debajo de mi ventana
lo encontré tendido, frió
como una piedra mojada.
    
Como un duro musgo el pelo
con el rocío brillaba
ya estaba mi pobre perro
muero de las cuatro patas.
 
Hacia el cielo de los perros se fue
anda que te anda
las orejas de relente
y el hociquito de escarcha.
 
portero y dueño del cielo
san roque en la puerta estaba
ortopédico de mimos
cirujano de palabras
bien surtido de recambios
con que curar viejas taras.
 
Para ti un rabo de oro
para ti: un ojo de ámbar
tu, tus orejas de nieve
tu, tus colmillos de escarcha,
tu, y mi perro le reía
tu, tu muleta de plata.
 
Ahora ya se porque esta
la noche agujerada
¡estrellas! ¡luceros no!
es mi perro cuando anda
con su muleta
va haciendo agujeritos de plata.