Juan Ramón Jiménez
(1881-1959) 

Poeta español y premio Nobel de Literatura.

 

 

Canción de Invierno

 

Cantan. Cantan.
¿Dónde cantan los pájaros que cantan?
 
Ha llovido. Aún las ramas
están sin hojas nuevas. Cantan. Cantan
los pájaros. ¿En dónde cantan
los pájaros que cantan?
 
No tengo pájaros en jaulas.
No hay niños que los vendan. Cantan.
El valle está muy lejos. Nada...
 
Yo no sé dónde cantan
los pájaros -cantan, cantan-
los pájaros que cantan.

 

 
 
 
Iba tocando mi flauta

 

Iba tocando mi flauta
   Iba tocando mi flauta
 a lo largo de la orilla;
 y la orilla era un reguero
 de amarillas margaritas.

 

  El campo cristaleaba
 tras el temblor de la brisa;
 para escucharme mejor
 el agua se detenía.

 

   Notas van y notas vienen,
 la tarde fragante y lírica
 iba, a compás de mi música,
 dorando sus fantasías,
  y a mi alrededor volaba,
 en el agua y en la brisa,
un enjambre doble de
 mariposas amarillas.

 

   La ladera era de miel,
de oro encendido la viña,
 de oro vago el raso leve
 del jaral de flores níveas;

 

  allá donde el claro arroyo
 da en el río, se entreabría
un ocaso de esplendores
 sobre el agua vespertina... 
 
 Mi flauta con sol lloraba
 a lo largo de la orilla;
 atrás quedaba un reguero
 de amarillas margaritas...

 

 
 
 
 
 
 
 
TRASCIELO DEL CIELO AZUL

 

¡Qué miedo el azul del cielo!
¡Negro!
¡Negro de día, en agosto!
¡Qué miedo!
¡Qué espanto en la siesta azul!
¡Negro!
¡Negro en las rosas y el río!
¡Qué miedo!
¡Negro, de día, en mí tierra
-¡negro!-
sobre las paredes blancas!
¡ Qué miedo!
 
 
 
 
 
Álamo Blanco

 

Arriba canta el pájaro y abajo canta el agua.
(Arriba y abajo, se me abre el alma.)
 
Entre dos melodías la columna de plata.
Hoja, pájaro, estrella; baja flor, raíz, agua.
Entre dos conmociones la columna de plata.
(Y tú, tronco ideal, entre mi alma y mi alma.)
 
Mece a la estrella el trino, la onda a la flor baja.
(Abajo y arriba, me tiembla el alma.) 

 

 
BALADA DE LA LUNA EN EL PINO
   
La luna estaba en un pino,
rosa en el cielo violeta...
Hoy viene en una carreta,
muerto y sin rumor, el pino...
¿Vendrá la luna en el pino?
 
Sobre el polvo del camino,
¡oh, qué frescura violeta!
¡Cómo gime la carreta
por el morado camino!
 
¿Vendrá la luna en el pino?
 
¡Cuán blandamente va el pino
rozando el suelo violeta!
Llanto verde la carreta
llora, del verdor del pino...
 
¿Vendrá la luna en el pino?
¿Dónde está el lirio divino
de aquel naciente violeta?
¿Lleva, rosa la carreta,
como un esplendor divino?
 
¿Vendrá la luna en el pino?
 
La luna estaba en el pino;
hoy viene en una carreta,
muerto y sin rumor, el pino...
 
¿Vendrá la luna en el pino?

 

Llueve sobre el campo verde

Llueve sobre el campo verde...
¡Qué paz! El agua se abre
y la hierba de noviembre
es de pálidos diamantes.

Se apaga el sol; de la choza
de la huerta se ve el valle
más verde, más oloroso,
más idílico que antes.

Llueve; los álamos blancos
se ennegrecen; los pinares
se alejan; todo está gris
melancólico y fragante.

Y en el ocaso doliente
surgen vagas claridades
malvas, rosas, amarillas,
de sedas y de cristales...

¡Oh la lluvia sobre el campo
verde! ¡Qué paz! En el aire
vienen aromas mojados
de violetas otoñales.