María Alicia Esain

María Alicia Esain nació en Navarro, provincia de Buenos Aires, Argentina, en 1949. Es Maestra Normal Nacional, Profesora de Inglés y Bibliotecaria Escolar.

Es miembro del programa de Promoción de la Lectura de la Fundación Mempo Giardinelli dentro del grupo de Abuelas Cuenta Cuentos. Asiste a los encuentros del programa de Narración Oral de la Dirección de Bibliotecas y Promoción de la Lectura de la provincia a cargo de María Héguiz y es madrina de la Biblioteca Infantil de la EGB San Lorenzo de Navarro. También participa del grupo cultural “Lipachi” ( Literatura para chicos), con Graciela Repún, Edith Mabel Russo, etc., con encuentros de narración gratuitos. Es coordinadora del café Literario “Por qué somos maestros”, auspiciado por la Municipalidad de Lobos y ENIL, con difusión de sus poemas y canciones entre los Jardines de Infantes de esa localidad.

 

Los trabajos de Cupertina

La arañita Cupertina,
muy prolija y hacendosa,
teje y teje muchas telas
delicadas y sedosas.
Las adorna con mosquitos
tan negros como el carbón
y las guarda bien dobladas
en el fondo de un cajón.
Piensa abrir una gran tienda
cuando tenga todo listo
y empleará como cajero
al gusano Juan Calixto.
Le coserá los modelos
la modista Inés Urraca,
que hará preciosos vestidos
para gorditas y flacas.
Y para damas friolentas
que quieran lucir hermosas
venderán gruesos mantones
cubiertos de mariposas.

Versos con amigos

El acacio de mi patio
cobija un nido de hornero
donde se quiso meter
un gorrión muy camorrero.
Entonces llegó Tomás,
el pequinés justiciero,
que trajo de compañía
a un gato siamés y a un tero.
Los tres sacaron volando
al gorrión lleno de miedo,
que se escondió avergonzado
en el fondo de un agujero.
Por semejante favor
hizo un asado el hornero
que comieron muy gustosos
el perro, el gato y el tero.

Asunto policial

En la estancia “La Querencia”,
partido de Chascomús,
me contaron esta historia
cuando yo jugaba al mus.
Resulta que en esos pagos
todo era tranquilidad
pues la gente trabajaba
con amor y honestidad.
Mas una noche de luna
cuando dormían las viejas,
recorrió los gallineros
una astuta comadreja.
Salieron a perseguirla
el toro, el perro y el gato,
la liebre, el tero, el ñandú,
todos con gran aparato.
—¡Cuidadito que se esconde!
—se oía el grito del cuis,
mientras tanto la sotreta,
aprovechaba el desliz.
Se escapaba entre los yuyos
en el medio del bochinche.
Las gallinas, mientras tanto,
se agarraban un berrinche.
Llegó el tigre comisario
que puso en claro las cosas:
la sujetó por la cola,
le colocó las esposas.
Más ligero que volando
se la llevó tras las rejas
pa’acabar con las andanzas
de esa mala comadreja.
Como castigo ejemplar
tuvo que limpiar el suelo.
Desde las ocho a las doce,
debió batir bizcochuelo.
De ese modo sin igual
se acabaron sus macanas.
¡De andar por los gallineros
se le borraron las ganas!

 

Los amores de un tero honrado

Había una vez un terito
que vivía enamorado
de una coqueta cotorra
del arbolito de al lado.
Pero un chajá muy matrero
también le arrastraba el ala,
cuando el buenazo del tero
trabajaba con la pala.
Llegó el sábado a la noche,
se armó un hermoso bailongo.
Todos llegaban en coche,
no se escuchaba un rezongo.
La orquesta empezó a tocar,
se formaron las parejas.
—¡Qué lindo sería ser joven!
—decía una burra vieja.
La cotorra, coqueteando,
revoleaba el abanico.
Preguntaba pestañeando
—¿Elijo al grande o al chico?
Sacó el chajá su facón
y con aire desafiante
gritó en medio del salón:
—¿Dónde está el tero galante?
La zorra gritó: —¡Jesús!
Acá va a correr la sangre.
El chancho apagó la luz
con un ganchito de alambre.
El tero se preparó
para enfrentar al ladino,
pero el chajá se escapó
a la casa de un vecino.
La cotorra se quedó
toda asustada y llorona.
Otra el tero se buscó
y se volvió solterona.
—¡Que se embrome por coqueta,
casquivana e inconstante!
—gritó una pata en chancletas
bailando lo más campante.
Así terminó la historia
del chajá y del tero honrado.
Si no miente la memoria,
el burlón salió burlado.

 

El jilguero y la calandria

Les quiero contar la historia
de un jilguerito cantor
que tocaba la guitarra
y era muy buen payador.
Él estaba enamorado
de una calandria mimosa
que cantaba dulcemente
en la rama de una rosa.
Juntos volaban ligero,
juntos juntaban bichitos
y alegraban con sus trinos
a papas y rabanitos.
Un día los asustó
un gatazo grande y fiero
que dando fuertes maullidos
los miraba desde el suelo.
Del miedo se le cayó
al jilguero la guitarra
justo cuando iban a actuar
porque esa noche había farra.
Cuando la pobre calandria
pensó: “¡El gato me agarra! ”
llegó un perro vigilante
que al gato sacó corriendo
sin perder un solo instante.
Le devolvió el instrumento
al pajarito cantor
y a la bonita calandria
la adornó con una flor.
Volando muy apurados
para la fiesta se fueron
y allá cantaron tan bien
que todos los aplaudieron.

El caracol Martín

Una vez en mi jardín
pasó algo extraordinario:
se vio al caracol Martín
sentado leyendo el diario.
Le pregunté preocupada:
—Oiga señor, ¿qué le pasa?
Él me dijo tristemente:
—Aquí ando, buscando casa.
—¿Qué ha pasado con la suya?
—fue mi pregunta inmediata.
—La he perdido —dijo el pobre—.
¡Un auto casi me mata!
—No se aflija, Don Martín
—le contestó mi hermanita
y en un momento le puso
sobre el lomo, una cajita.
Entonces el caracol
se fue a dormir muy contento
porque en lugar de una casa…
¡Tenía departamento!

EL ELEFANTE AZUL
Anteanoche he perdido a mi elefante
y parece que se fue lo más campante.
Me contaron que marchó con la jirafa
a buscar algunos discos a su casa.
¿Será cierto que quieren armar bailes
y saltar dando mil vueltas por el aire?
¡Cómo extraño los besos de su trompa
y su juego en la bañera haciendo pompas!
Cuando llega la noche yo lo llamo,
sólo duermo si me toma de su mano…
¡Se me pasa la noche dando vueltas
y los osos de mi cuna se despiertan!
Es entonces cuando mamá me canta
esa canción de gatos que me encanta.
Y me promete que vendrán los abuelos
para traerme otro elefante nuevo

 
Mi gatito  
   
Yo tengo un gato chiquito
de lindo color ceniza
que toma vino con soda
masca chicle y come pizza.
Le gusta bailar el rock
y recorrer los boliches
andando en su moto azul
y leyendo los afiches.
Tiene una novia gatuna
que se parece a un pompón
 porque es blanca y redondita
como un copo de algodón.
Me despierta a la mañana
reclamando el desayuno.
Así es mi gato Rolando.
¡Tan lindo como ninguno!