Fragmento de La mitología clásica.
De Margot Arnaud.



Introducción.

El nacimiento de los mitos griegos

   La religión griega concibió a sus dioses bajo formas antropomórficas y sobre ellos creó unos mitos de una riqueza excepcional. Son tan fascinantes que todas nuestras manifestaciones culturales, especialmente la literatura y el arte, en cualquier época histórica, se han inspirado en ellos.
   Hincando sus raíces en el lejano pasado de las gentes que poblaron la Grecia del Neolítico, mucho antes de que se instalara el pueblo griego (hacia 1950 a.C.), la religión tuvo su origen en los cultos y en las creencias ligadas a la vida cotidiana y a la agricultura. Las almas, orientadas hacia la adoración de las fuerzas sobrenaturales que aseguran la fertilidad y la fecundidad, veneraron a ídolos femeninos, diosas de cuerpo tosco que encarnaban las fuerzas infinitamente poderosas de la Tierra.
   En el panteón cretense, que también ejerció una profunda influencia en el pueblo griego, se observa asimismo un claro predominio de las diosas sobre los dioses. El modelo de la «Gran Madre» se impone, pero la fuerza generadora de la Tierra aparece repartida entre muchas divinidades. Están ligadas a animales o vegetales; mantienen relaciones de privilegio con las cimas de las montañas o con el mar. Así, aparecieron los dioses simbolizados —como el toro que encarna el principio generador macho— y numerosos demonios que los acompañan para servirlos.
   Los cultos a estas divinidades estaban organizados de una manera precisa: había santuarios en medio de los campos y también templos, moradas construidas ex profeso para los dioses. Las ofrendas que se les hacía eran sobre todo vegetales —los sacrificios cruentos eran raros— y las fiestas daban lugar a procesiones, a representaciones de escenificaciones taurinas, danzas y juegos gimnásticos.
   Tras la conquista de Grecia por el pueblo griego, de origen indoeuropeo, la religión tiene en cuenta por igual a dioses y diosas. Este pueblo que honraba muy singularmente a las divinidades masculinas descendiente de Urano (del cielo), a las que se les pedía una protección privilegiada, se fundió con los habitantes anteriormente asentados, que veneraban tradicionalmente a las divinidades femeninas catonianas (de la tierra).
   Tablillas, muy anteriores a los poemas homéricos, mencionan los nombres de Zeus, Poseidón, Hermes, Ares, Dionisio, Hera, Atenea, Artemis... El panteón griego estaba organizado como una sociedad familiar. Junto a los dioses y diosas aparecía el «Gestiario», animales de formas tan variadas como: sirenas, esfinges, hidras, quimeras, grifos, gorgonas... que procedían de Creta y Oriente.
   La mayor parte de los mitos heroicos de Grecia se remontan a la época micénica (1580-1100 a.C.) y han cristalizado en torno a personajes históricos reales y ligados a lugares importantes: los perseidas y los atridas en Micenas; Helena en Lacedemonia; Néstor en Pilos; Edipo en Tebas; Teseo en Atenas.
   Sin duda, estos mitos están ligados a los grandes aventureros cuyas leyendas se formaron en torno a los viajes de exploración característicos de la época: los argonautas, conducidos por Jasón, quieren llegar hasta el fondo del mar Negro, en Cólquide; Heracles destruye a los monstruos del Peloponesio y termina sus trabajos en las tierras desconocidas de Occidente; Perseo va a matar a la Gorgona a los confines de la Tierra...
   En los santuarios y en los templos, en los que las ofrendas destinadas a los dioses se acumulaban a los pies de las estatuas el culto lo realizaban numerosos sacerdotes. Algunas de estas ceremonias eran secretas, reservadas a los iniciados, según la tradición cretense de la preparación en la tierra para una vida de ultratumba. A los muertos siempre se les inhumaba y eran objeto de atenciones especiales.


Fuente: La mitología clásica, de Margot Arnaud.
Marabout (Bélgica), 1991
Acento Editorial, 1993.