LA DERROTA DE SET

   En el año 363 del reinado de Ra sobre la Tierra, este dios se encontraba en Nubia, donde el maligno Set, el más osado y traicionero de los dioses, se había rebelado, pues Ra era ya anciano. Fue Set quien asesinó a Osiris, su propio hermano, y por ésta razón el hijo de Osiris e Isis, Horus, "Quien se encuentra en lo Alto", deseaba su muerte.

   Set no se atrevía a enfrentarse abiertamente a Horus, pues le temía como la oscuridad teme a la luz, pero ideó una trampa para atacarlo. Horus se había aproximado a Ra, para pedirle que le mostrara el futuro en sus ojos, a lo que Ra aceptó. Frente a ellos pasó un terrible jabalí negro, y al verlo Ra profirió una exclamación por la maldad del animal. Horus giró su cabeza para verlo, y en ese momento el jabalí lanzó un rayo de fuego a sus ojos. Horus casi enloqueció por el dolor, y pudo reconocer por este acto que el jabalí era en realidad Set, quien había adoptado esa forma para atacarlo antes de huir. Por el daño en sus ojos el mundo entero se oscureció. Ra maldijo a Set, y llevó a Horus a la ciudad de Pé, donde su vista fue restablecida y la oscuridad desapareció.

     Ra se dirigió con sus ejércitos al Nilo y llegó a la ciudad de Edfú, donde Horus se reunió con él, pues Ra le había ordenado acabar con sus enemigos. Horus invocó la ayuda del sabio dios Thot, señor de la magia, y por medio de él fue transformado en un resplandeciente disco solar, con magníficas alas a sus lados, y escoltado por las diosas Nekhbet y Uazet en la forma de serpientes. Se elevó hasta el cielo, y desde el Sol envió sus rayos, confundiendo a sus enemigos hasta que se atacaron y mataron entre sí. Horus buscó también a Set, pero no lo encontró, pues se había escondido en el país del Norte. Regresó entonces al lado de Ra, quien lo abrazó y lo llevó consigo a navegar por el Nilo en su barca.

     Pero Set había ordenado a sus secuaces transformarse en cocodrilos e hipopótamos, para agitar las aguas y devorar a los ocupantes de la barca. Horus llamó entonces a sus herreros, quienes forjaron un gran arpón de hierro, en el que Thot depositó su magia. Horus dio muerte con su arpón a muchos de sus atacantes. Los demás huyeron ante la ira del dios. Horus los persiguió, y aunque éstos se mantuvieron bajo el agua durante cuatro días antes de salir a la superficie, Horus logró capturar a cuatrocientos de ellos, que fueron llevados hasta la barca de Ra y ejecutados.

     Esta derrota enloqueció a Set, quien atacó a Horus con su ejército. Mucha sangre fue derramada en esta batalla, y al final las fuerzas de Horus triunfaron. Tras la victoria, los dioses permanecieron en el Nilo durante seis días, esperando la reaparición de Set, pero éste se había ocultado bajo tierra en la forma de una serpiente, mientras sus fuerzas combatían con Horus. La siguientes batallas tuvieron lugar en Zaru, donde Horus luchó con la forma de un león, y en Shais, donde tomó la forma del disco solar. Siempre fue Horus el victorioso.

    Por fin Set llamó a Horus a un duelo mortal, y el dios aceptó. Se embarcó en un magnífico bote decorado por su madre Isis, quien tejió sortilegios para que los ocupantes del bote no fueran vencidos. Set se presentó con la forma de un hipopótamo rojo, e invocó una tormenta, de forma que las aguas estaban agitadas. Pero la magia de Isis protegió a los ocupantes del bote. Horus se puso de pie, con la apariencia de un joven gigante y con el arpón en su mano.

    En el agua Set estaba seguro de que el bote se hundiría, y salió a la superficie para devorar a los sobrevivientes. Horus lanzó entonces su arpón, que atravesó la gruesa piel del hipopótamo rojo y alcanzó su cerebro, matándolo al instante. Éste fue el final de Set, el asesino de Osiris y enemigo de Ra. En honor de Horus se cantaron himnos triunfales en toda la Tierra.