Deyanira y la muerte de Heracles
 
     Tal y como Heracles había prometido a Meleagro en el Hades, se dirigió a Calidón donde cortejó a Deyanira. Deyanira era hija de Dionisio y de Altea, la esposa de Eneo. Eran muchos los pretendientes que llegaban a la corte de Calidón, solicitando al rey Eneo la mano de la hermosa muchacha. Todos se retiraron ante las aspiraciones del dios fluvial Aqueloo y de Heracles. Aqueloo tenía la facultad de aparecer con forma de toro, de serpiente moteada o de hombre con cabeza de toro. Por indicación de Eneo, los pretendientes se enzarzaron en una lucha para conseguir la mano de la muchacha. A pesar de la ventaja que le otorgaban sus transformaciones a Aqueloo, Heracles venció y se casó con la doncella.
     Ella era muy habilidosa conduciendo carros y una excelente luchadora. Las aventuras en la que aparece Deyanira acompañando y luchando junto al héroe son numerosas. Engendraron a Hilo, a Macaria, a Odites y a Gleno.
     En una ocasión llegaron a la orilla del río Eveno, donde el centauro Neso se ofreció a transportar a Deyanira al otro lado, a cambio de una pequeña recompensa. Cuando Neso se vio solo con la chica intentó violarla. Sus gritos alertaron a Heracles, que desde el otro lado del río  atravesó al centauro con una de sus flechas. Neso arrancó la flecha de su pecho y le dijo Deyanira, "Si mezclas el semen que he derramado en la tierra con la sangre de mi herida, le añades aceite de oliva y untas secretamente la camisa de Heracles con la mezcla, no volverás a tener motivos para quejarte de su infidelidad".
     Deyanira había soportado siempre con paciencia las frecuentes infidelidades de su esposo, pero cuando Yole se cruzó en el camino del héroe, Deyanira ya no era tan joven. Temiendo que la repudiara, impregnó una camisa que Heracles le había pedido, para realizar un sacrificio en honor a Zeus, con el ungüento que le indicó el centauro Neso.
     Cuando la camisa entró en contacto con la piel se pegó a ella produciéndole tal dolor, que al intentar arrancársela, con ella se arrancaba la piel dejando al descubierto los huesos. Al descubrir Deyanira lo que había hecho se suicidó.
     Heracles dispuso sus últimas voluntades, pidió a su concubina Yole que cuidase de su hijo Hilas y a Hilas que se casase con Yole cuando tuviese edad sufriente. Después subió al monte Eta, donde levantó una enorme pira en la que se encaramó pidiendo a sus criados que la encendiesen. Como ninguno se atrevía, finalmente la encendió Filoctetes, que como compensación recibió el arco y las flechas del héroe. Mientras las carnes mortales se consumían se escuchó un trueno, una nube envolvió la pira y el cuerpo desapareció.
     Heracles había alcanzado la inmortalidad, una vez en el Olimpo se reconcilió con Hera y le fue entregada Hebe como esposa.