Música 

 

En las esferas se produce eternamente una maravillosa armonía de sonido, y desde esa fuente, todas las cosas han sido creadas.
Florence Crane

     Vivimos en la música. El universo es una armonía tonal de muchos sonidos, muchas vidas interactuando y vibrando juntas mientras llenan el gran silencio. La vida de cualquier ser humano, o bien contribuye a esa armonía creadora, o produce una disonancia. Se hace música o ruido. La música es el polo positivo del sonido, y sus ritmos y melodías son una especie de eco de la eterna armonía de los cielos. La música es un espejo de la resonancia sagrada, abre dentro de nosotros transparencias insospechadas, ampliando nuestros horizontes y contribuyendo a que podamos sentir y comprender lo que es hermoso e inspirador. La gran música nos nutre. Siempre nos fortalece porque nos sintoniza con poderosas ondas de energía vital y a las insondables fuentes del bien absoluto.
     El ruido es lo opuesto a la música, es el sonido enloquecido, y su locura es la causa de su disociación, de su fracaso en lograr armonizarse con el universo en el cual se mueve. Mientras que el ruido enfatiza la separación, la fealdad y la distorsión, la gran música, por el contrario, resuelve el caos dinámicamente, trayendo paz, belleza, síntesis y transformación.