El aura

El aura humana es un reflejo de la onda de energía
generada en nuestra mente por nuestras emociones
y por nuestro cuerpo
 
 
      El conocimiento del aura humana está impregnado en l cultura hindú.  Las más antiguas referencias respecto al aura se hacen en los Vedas, alrededor de 3500 años atrás, Los rishis (sabios) védicos, al buscar respuesta a sus visiones en los nevados bosques de pino y los claros umbríos de los bajos del Himalaya, se extasiaban en universos internos de incomparable belleza y color. Veían resplandecientes arcoiris místicos emanando de los devas y mahadevas de los mundos interiores. La palabra deva, en su significado de "ser espiritual resplandeciente", describe al suryyapariganam (luminoso, igual al sol), el campo del aura. El alma, etérea e invisible, es tan real como el arcoiris, la puesta de sol o la aurora boreal. Todos tienen un aura, una burbuja ovalada de luz de colores, emanando de sus cuerpos internos. Siempre estamos conscientes de ella, especialmente a través de nuestros sentimientos e intuición. Mucha gente puede ver el aura de otras personas. El conocimiento del aura puede incrementar nuestra devoción en el altar de nuestro hogar y en el templo. La profunda  penetrante paz que emana del aura de una gran alma es el efecto de su poderosa y pura presencia. El aura humana se extiende 1.20 m al rededor del cuerpo y hasta 1.80 m en el caso de seres muy evolucionados. En el arte hindú y cristiano los grandes santos se representan a menudo con un nimbo rodeando su cabeza. Esto representa al chakra sahasrara coronado de mil pétalos abiertos hacia el kundalini fluyendo en el aura. En sánscrito su aureola se llama prabha mandala (círculo de luz) o diptachakram (círculo brillante). El aura está compuesta de una variedad de vibraciones de color. Cada área de la conciencia, cada sutil configuración del chitta o elemento de mente, tiene un tipo de vibración y color. Los colores alrededor de la persona primero se ven en nuestra propia mente. No se pueden ver con claridad alrededor del cuerpo físico sino hasta que nos hayamos adaptado a esta nueva forma de ver, pero no en el aire mismo sino en la profundidad del éter, porque el aura pertenece al plano astral, el Devaloka. Los niños pueden ver el aura y también los animales.  Cuando se ha desarrollado la visión síquica, viendo a través de los ojos del alma, estaremos capacitados para mirar a una persona, ver su aura e, interpretando los colores, intuir dónde está flotando su conciencia en el maravilloso mundo de la mente. Por ejemplo, si la conciencia de una persona flota a través del área de la vasta sustancia mental que contiene la vibración de la depresión, veremos que su aura es gris, débil y lúgubre. Si está experimentando un profundo amor espiritual por toda la humanidad, su aura se tornará azul claro, orlando de amarillo. Si ésta incluye más calor humano y felicidad, se verá un color rosa junto al azul claro. Pero si por un contratiempo inesperado se olvida completamente del amor universal y se vuelve iracundo, el azul palidecerá y el rosa se tornará en rojo llameante salpicado de negro. Después, si sintiera remordimiento por su exabrupto emocional, su aura volvería al azul oscuro y difícilmente podrá ver su rostro a través de la niebla azul profundo que se formará alrededor de su cuerpo. Si la conciencia flota en el área de la mente de inferioridad y celos, el aura se volverá de un lúgubre verde oscuro. Una persona con sanas inclinaciones tendrá un aura de un hermoso verde pálido. Un estudiante aumentando su conocimiento intelectual tiene un aura de un amarillo brillante. Las combinaciones son casi infinitas. ¿De dónde vienen estos colores?  Todas las cosas en el manas, la mente, son sonido y color, primero sonido y color, primero sonido y después color. Si miramos a nuestro alrededor atentamente veremos que la vibración en cada objeto físico tiene sonido y color. Todo es sonido, nada, desde el primer sonido, el aum cósmico primordial, hasta el nada nadi shakti, la corriente kundalini que interconecta un infinito espectro de tonos y micrótonos en la vida. Todos estos sonidos son ondas que golpean en los tímpanos de la conciencia estallando en colores. Todo también es forma porque los sonidos y el color también se configuran en diseños y formas reconocibles. En las áreas más sutiles de la mente todas las cosas son sonido y color. Se reconocen a través del sexto sentido del tercer ojo, la facultad del chakra sutil ajna conectado con el área de la glándula pineal, atrás del entrecejo. Esta facultad siempre está latente. Sólo debemos aprender cómo despertarla y usarla. La gente usa frecuentemente  su tercer ojo aunque de forma inconsciente.  Un devoto meditando, concentrado profundamente, en el transcurso de media hora cambiará tres, cuatro o cinco veces el color de su aura a medida que su conciencia se mueva desde los colores más densos de las áreas instintiva e intelectual, hasta los brillantes matices de los profundos reinos espirituales. Su aura se verá sombreada de azul y amarillo claro mezclada con blanco. Después, a medida que vaya avanzando por los senderos de Satchidananda, comenzarán a surgir rayos de luz desde desde la fuente central de energía del núcleo del sushumna, (nervio central espiritual a lo largo de la columna vertebral) y se desbordarán a través de su aura, penetrando su envoltura externa. 
       La energía del aura se genera en los siete chakras o gran centro de fuerza de los nervios dentro de los cuerpos físico, astral y espiritual. Cada chakra es un vórtice en espiral de poder mental, una vasta área colectiva de muchos, muchos estratos de pensamientos de energía mental y espiritual. Así como las espirales de los chakras liberan energía en los 72 000 nervios de los nadis sutiles del sistema nervioso, estas energías permean  las células físicas con vida y vitalidad y la irradian a través de los koshas  -envolturas o campos de fuerza- que las rodean. Éstos son como las nubes en consistencia y reflejan esta energía igual como ellas reflejan los rayos del sol.
       El aura humana es un reflejo de la onda de energía generada en nuestra mente por nuestras emociones y por nuestro cuerpo. La energía física  fundamental del aura no cambia es la que fluye de los chakras. En aura sólo refleja estas energías como vibraciones de color.
       Nuestras auras y nuestros pensamientos y sentimientos que los originan afectan e influyen en nuestro alrededor. En otras palabras, nos descargamos en los demás.  Cuando uno deposita mentalmente sus problemas a los pies a los pies de la divinidad en el templo, en el mundo invisible del Devaloka, lo que ocurre es que la Deidad y los devas que la asisten trabajan con estos problemas en el interior de nuestra aura, desintegrando o clarificando cualquier congestión que localicen allí. Iluminan los colores oscuros que se crearon viajando a través de estados depresivos de la mente, inyectándolos con rayos de luz blanca y violeta del sanctum profundo. Difícilmente podremos ver este suceso pero si lo podemos sentir, y salimos del templo renovados y libres de congestión y pesar. También podemos inundar nuestra aura con rayos de luz blanca y violeta, como lo hacen las deidades y los devas. Así como los Vedas declaran: Tat Tvam Asi, "Tú eres Eso", el Ser, su resplandeciente luz, está y es accesible dentro de nosotros. Si estamos de mal humor, celosos o irascibles, existe una forma de usar esta luz para curarnos.
       El mal humor propicia que nuestra aura esté ahora sombría, de un verde oscuro, posiblemente acentuado con chispas negras y rojas. Para contrarrestar esa densidad sólo debemos agregar blanco; visualizar luz blanca para que fluya desde el centro de nuestra columna, desde la corriente del nadi sushumna, dentro y a través del aura; visualizar rayos violetas fluyéndolos hacía nuestra nueva aura blanca fortaleciéndola para disipar la oscuridad. Si el resentimiento y la ira no se vencen en esta vida, estos karmas, germinarán esperando la ocasión para volver a manifestarse en el próximo nacimiento. Cuando se presenten las condiciones adecuadas estallarán en una gama completa de colores y se apoderarán del área externa del aura, la de las emociones. 
       En el vientre de la madre, a medida que el niño crece físicamente, crece también su aura interna. Éste es la razón por la cual las madres en periodo de gestación (en la India) cantan canciones religiosas. Esto bendice al niño con rayos de luz pastel que penetran al cuerpo astral del bebé y le ayudan armonizando cualquier germen de karma negativo. 
       Los Upanishads nos dicen que debemos purificar el intelecto. ¿Qué significa esto exactamente? En un sentido significa que debemos encender los colores de nuestra aura interna dentro del subconsciente. Cuando el subconsciente queda finalmente puro, el intelecto refleja esta claridad y el aura externa es de colores amarillo, azul y lavanda. El sadhana diario ayuda a prevenir arranques emocionales que impregnan el aura de energías rojas que agitan el vrittis, u ondas mentales, inquietando a shanti, la paz natural de la mente. 
       Los colores que se utilizan para armonizar y proteger la naturaleza emocional son el azul claro y el violeta. Visualicen el hermoso cielo azul y violeta brillante y sentirán cómo se tranquilizan los sentimientos y bajas pasiones. Cuando este método o tantra se realiza con regularidad nuestra aura se vuelve impermeable a todos los sentimientos y humores negativos de los demás y nos transportaremos a los más puros y elevados reinos de la mente suprema.
 
COMO VER EL AURA.   
     Para comenzar a adquirir esta visión, miremos suavemente a alguien a través del extremo de los ojos (rabillo del ojo). Esto funciona mejor en un cuarto débilmente iluminado, en donde la persona esté enmarcada por un fondo oscuro. Al principio verá los colores con su mente y no de forma física alrededor de su cuerpo. Después, a medida que se va adaptando a esta nueva forma de ver, se comenzarán a ver colores, pero en el éter interno, no en el aire, porque el aura es del plano astral.