Enfermedades Felinas
 
 
Vacunas:
Los gatos pueden ser vacunados con éxito contra muchas enfermedades graves. Los cachorros deben ser vacunados contra la rinotraqueitis, peste felina, enteritis felina y, opcionalmente, neumonía felina. La mayoría de los veterinarios recomiendan una serie de dos o tres vacunaciones cada tres semanas, que empiezan a las tres semanas de vida del gato. A las doce semanas el gato puede ser vacunado contra la rabia (en los países en que es endémica), leucemia felina y peritonitis felina infecciosa. Las vacunas se deben repetir anualmente para mantener la inmunidad.
 
Enfermedades:

Las infecciones respiratorias: son una enfermedad habitual y puede ser fatal, sobre todo en cachorros jóvenes. Las vacunas ofrecen cierta protección contra las siguientes enfermedades respiratorias: rinotraqueitis vírica felina (RVF), peste felina y neumonía felina.
La enteritis infecciosa felina es una enfermedad muy contagiosa, muchas veces fatal, caracterizada por un ataque súbito y varios síntomas gastrointestinales como el vómito o la diarrea. La vacuna es la única manera eficaz de controlar la enfermedad.

La leucemia felina: es una enfermedad contagiosa y fatal que se transmite por contacto directo. Un gato con leucemia felina presenta varios síntomas, incluyendo malestar general, pérdida de peso y fiebre. Un gato infectado puede contagiar la enfermedad a otros gatos antes de que él mismo desarrolle síntomas clínicos. Un análisis de sangre puede detectar si un gato ha sido infectado. Aunque existe una vacuna disponible, la forma más fiable de prevenir la leucemia felina es impedir que el gato esté en contacto con gatos infectados por el virus.

  Enfermedad de Aujesxky: Es una enfermedad vírica que se da sobre todo en los cerdos, pero que es transmisible al gato a través de la carne. Es incurable. Por eso, se debe cocer siempre muy bien la carne de cerdo. Esta enfermedad no afecta a las personas.
 
  Virus de inmunodeficiencia felina (FIV): pertenece al mismo grupo vírico que el del agente patógeno del SIDA humano, pero está demostrado que no afecta a las personas. No tenga ningún miedo pues, y no separe a su gato si se detecta en él la presencia del FIV. Pida consejo al veterinario para ver que se puede hacer por el animal .
 
Desparasitación:
   Los gatos jóvenes no suelen tener parásitos si la madre tampoco los tiene. Pero eso sólo lo puede comprobar el veterinario, cuando le lleve una muestra de las deposiciones con motivo de la vacunación. Él indicará el tratamiento a seguir.
   Los gatos que andan sueltos se infectan a menudo con otros gatos, con los ratones, a través de pulgas y piojos, por el suelo o por el agua. Estos gatos tienen que ser desparasitados cada tres o seis meses por lo general.
   Los gatos caseros también pueden infectarse con parásitos procedentes de la carne de cerdo cruda o pescado crudo.
Algunas bacterias afectan tanto al hombre como al gato. Pero no se preocupe demasiado por eso. Si un gato casero está debidamente vacunado y no ingiere más que comidas preparadas y alimentos cocidos, será muy raro que llegue a contagiarse. Tampoco es de temer el contagio de un gato que anda suelto, siempre que se cumplan las normas higiénicas correspondientes y se tomen las medidas preventivas necesarias, algo que debería ser natural y lógico conviviendo con animales.
 
Lo más importante es que no debemos dejarnos engañar por los consejos "bienintencionados", buscando siempre primero el asesoramiento profesional. Es verdaderamente cruel y propio de la ignorancia dejar a un animal en un hogar de animales abandonados o deshacerse del él sin más, solo por un infundado temor al contagio.
 
Rabia: Hay que vacunar contra ella a todos los gatos que andan sueltos.
 
Toxoplasmosis: Es especialmente peligrosa para el ser humano durante un embarazo, pues el feto puede sufrir graves daños en cerebro y ojos. Nada más comienza el embarazo, las mujeres gestantes deberán informar a su médico que tienen un gato en casa y llevarán a analizar la sangre del animal dos veces cada seis meses para comprobar si tiene la enfermedad.
 
Microsporosis o "tiña": Enfermedad provocada por un hongo. Se manifiesta por la caída del pelo y un fuerte escozor. Aplíquese el tratamiento ordenado por el veterinario. Para evitar un nuevo contagio, desinfecte con frecuencia los útiles del gato: cesta de dormir, peines, cepillos, juguetes, etc. Si es preciso, deshágase de ellos definitivamente y compre otros nuevos.
 
Lombrices: La desparasitación periódica es la mejor protección contra ellas.
 
Pulgas, ácaros, garrapatas: Para protegerlo contra ellos, ponga a su gato un collar antiparásito. Pero póngaselo correctamente porque podría engancharse en él y estrangularse. El tratamiento contra esos parásitos se hace a base a polvos de loción para el lavado ( en la farmacia le indicarán la forma a utilizar. Si la infección es de pulgas, pase a fondo la aspiradora por debajo de las alfombras, los tapizados, los rincones y grietas de la casa, pues en esos sitios las pulgas pueden sobrevivir 4 meses. Para combatir los ácaros, desinfecte todos los sitios donde suele estar el gato: cesta de dormir, sofá, etc.
Las garrapatas se agarran con unas tenazas especiales. También se puede hacer empapando al parásito con aceite, y una vez desprendido, se extrae cuidadosamente con unas pinzas, procurando que no quede la cabeza dentro, pues ello causaría una infección en la zona. Por ser estos, parásitos muy rebeldes, deben ser quemados. Para evitar que sobrevivan huevos de las hembras, se le debe dar un baño al animal con lociones especiales.

Peritonitis infecciosa (FIP):

La peritonitis infecciosa felina ha sido ignorada por los veterinarios hasta hace diez años. Se trata de una enfermedad casi imposible de detectar, y para cuando los síntomas comienzan a manifestarse resulta irreversible, puesto que es muy grave y mortal. La única solución que existe hoy en día es la prevención.

En la última década, la peritonitis infecciosa se ha expandido por todo el mundo sin distinguir sexo ni edad entre los gatos.

Los síntomas.- Los síntomas de esta fulminante enfermedad son letargia, pérdida de peso, hinchazón del abdomen, apatía, fiebre intermitente, falta de apetito o inflamación de los órganos internos. Sin embargo, cuando estos signos hacen su aparición, cualquier remedio resulta prácticamente inútil.

Actualmente, no existe tratamiento alguno para esta silenciosa y letal enfermedad; incluso es posible que la muerte se produzca sin que hayan aparecido síntomas. En estos casos, se diagnostica a partir de la autopsia.

Evitar el contagio.- El contagio de esta infección es, por desgracia, común y sencillo. El contacto con otros gatos afectados y la utilización de comederos y cajas de arena son posibles vías de transmisión. Sin embargo, el animal puede contraer el mal sin salir de casa, ya que es frecuente que el virus se propague a través de la arenilla y el polvo que quedan adheridos a la suela de los zapatos. El gato suele jugar con el calzado de su amo, y es entonces cuando inhala las sustancias contaminantes.

La única solución.- La única forma eficaz de prevención es la inmunización. Se trata de una vacuna única, sin variantes, que comenzó a comercializarse el pasado año a escala mundial. Su aplicación resulta bastante curiosa: es la única que se administra mediante una cánula vía intranasal. La aplicación de las defensas ha de repetirse pasado un mes y, después, una vez al año.

Es muy importante recordar que todos los machos y hembras que vayan a dedicarse a la cría deben estar debidamente vacunados contra la Peritonitis. De esta manera, los cachorros que nazcan estarán más protegidos y estimularán los anticuerpos maternales hasta la edad en que puedan vacunarse.

Las intoxicaciones del gato

Las intoxicaciones accidentales en el gato son siempre menos frecuentes que en otras especies animales, debido a la peculiar forma de ser de este felino. Es desconfiado por naturaleza, frunce la nariz y huele con desconfianza cualquier alimento nuevo. Además, selecciona mucho mejor la nutrición que un perro. Come según el hambre que tiene e ingiere la comida poco a poco, en pequeñas cantidades.

Sin embargo, su carácter de explorador le predispone a buscar novedades y a descubrir sustancias tóxicas con frecuencia escondidas en armarios, bodegas o garajes. Cazador infatigable, come a veces presas que a su vez pueden haber ingerido sustancias venenosas. Y, a menudo, los felinos se envenenan también por culpa de su innata tendencia a la limpieza. El gato que accidentalmente se ensucia el manto con sustancias tóxicas puede envenenarse lamiéndose durante su higiene cotidiana. El hecho de lamerse vuelve peligrosos incluso ciertos medicamentos aplicados sobre la piel, como las preparaciones dermatológicas y las soluciones antiparasitarias.

Otra fuente de envenenamiento pueden ser los bidones de barnices, de pintura o de disolventes. En este caso, los gatos que viven al aire libre están más expuestos que los que viven en recintos cerrados.

Intoxicaciones más comunes.- Una de las intoxicaciones que más se dan es por insecticidas. Los gatos son muy sensibles a los efectos tóxicos de estos productos. La administración de éstos, ya sea en forma de collar, sprays o pulverizadores, cuyo uso no esté aprobado para gatos, supone un riesgo importante de intoxicación, que puede incluso causarles la muerte.

Las plantas también pueden causar una intoxicación a los felinos que viven en casa con plantas de interior, ya que suelen ser más tóxicas que las de exterior. Los gatos tienen el hábito de comer plantas, especialmente si son de vida interior y sedentaria.

Algunos medicamentos resultan especialmente peligrosos. La mayoría de las medicinas se eliminan por el hígado después de ser metabolizadas o degradadas. Los gatos no pueden metabolizar adecuadamente muchos medicamentos y, en consecuencia, tras su administración, pueden desarrollar síntomas de intoxicación. El paracetamol, que se encuentra en medicamentos como el Gelocatil, es un de los que puede resultar más tóxico para los gatos, y en caso de tratarse a tiempo, puede llegar a producirles la muerte.

La peligrosa ingestión de matarratas se produce, sobre todo, a través de la ingestión de roedores muertos por el tóxico en cuestión y no por ingestión directa de los cebos. La mayoría de los matarratas son sustancias que inhiben la capacidad de coagulación de la sangre. En consecuencia, el cuadro clínico consiste en la aparición de hemorragias en diversas partes del organismo.

Principales síntomas
Los síntomas de intoxicación son principalmente de dos índoles. Por una parte, digestivos, que se muestran a través de anorexia, náuseas, vómitos, hipersalivación y diarreas. Aunque estos síntomas son signos de intoxicación aguda, es cierto que la sintomatología digestiva provocada por venenos es poco frecuente. Y por otra parte, neurológicos, que consisten en convulsiones, coma, modificación del comportamiento, temblores, agresividad, hiperexcitación, parálisis, dificultades de movimiento y pérdida de equilibrio.

También se pueden dar otros síntomas de tipo general como hipotermia o hipertermia, falta de apetito; o cardiovasculares, como arritmias.

La aparición de los síntomas varía según la sustancia y la cantidad ingerida por el animal. Por ejemplo, desde el momento de la ingestión de anticoagulantes, como los raticidas, hasta el momento de la aparición de los síntomas, pueden pasar incluso algunos días. En este punto será difícil que el propietario recuerde las circunstancias de contaminación.

Llegar a un diagnóstico exacto es difícil, al menos de una intoxicación concreta, pero es importante para establecer el tratamiento en un animal intoxicado, ya que una vez conocido éste es relativamente sencillo establecer la terapéutica con las máximas garantías de éxito.

Ciertamente, el diagnóstico exacto es importante para establecer el tratamiento en un animal intoxicado, ya que una vez conocido éste es relativamente sencillo establecer la terapéutica adecuada con las máximas garantías de éxito. Pero, por lo general, suele ser difícil establecer el diagnóstico de intoxicación, al menos de una intoxicación concreta.

Pero hay que tener cuidado, ya que los trastornos neurológicos o digestivos, no son exclusivos de intoxicaciones y pueden ser consecuencia de otras alteraciones. Por lo tanto, sólo debe diagnosticar una intoxicación desde el punto de vista de la exploración clínica, después de considerar todos y cada uno de los posibles agentes etiológicos de la enfermedad.