El instinto maternal de los gatos

       Desde que la gata se encuentra en estado de gestación ya empieza a manifestarse el instinto maternal. De hecho, cuando acaban de nacer sus pequeños, y si se encuentra alguna cría de otro animal que necesite lactancia, no duda en amamantarle y tratarle como si fuese uno más.
       La gata puede comportarse de dos maneras conforme se acerca el parto: o bien se aísla en algún rincón del hogar o bien busca la compañía del dueño para implicarle en el próximo nacimiento. Cuando éste se produce, el comportamiento instintivo de la madre hace que los primeros cuidados sean llevados a cabo con toda inmediatez y la precisión de un cirujano. Con el alumbramiento de cada cría, la gata come la placenta, corta el cordón umbilical y limpia con suaves lamidos a su hijo, eliminando cualquier sustancia de su hocico que le impida respirar.
       Otra práctica que repetirá durante los primeros días, y que se inicia tras el primer aseo, es limpiar la región anal de cada gatito con el objetivo de favorecer la micción y la defecación. Tras esto, se produce el primer amamantamiento de los hambrientos cachorros. Para ello, la gata se tumba en el suelo, adoptando una postura ligeramente encorvada, en forma de media luna, pone una pata encima de los gatitos y ronronea por pura satisfacción y como respuesta a los sonidos emitidos por los pequeños.
 Relación con los pequeños.- Durante los primeros momentos, la nueva mamá permanecerá durante horas en posición de amamantamiento, alimentando a su prole, tranquila. Aun así, este carácter cambia por completo cuando alguien extraño se acerca a sus hijos: la gata reaccionará de forma violenta ante el intento de cualquier caricia, a no ser que sea por parte de su amo. Sin embargo, si no se siente amenazada, la gata comparte con gusto su felicidad. De hecho, si está en compañía de otras hembras, es capaz de amamantar a sus cachorros.
       Conforme pasan los días, los mininos van adquiriendo confianza, empiezan a relacionarse con el entorno y comienzan a llevar a cabo pequeñas escapadas que sólo abarcan unos metros de donde está la madre. Ante estos escarceos son cogidos por el cogote y llevados al lugar que les corresponde. De esta forma, el sentido de disciplina y obediencia a los progenitores entra en la vida del gato. También un golpe seco con la zarpa puede disuadir al que se mueve más de la cuenta. Otro motivo por el que la gata puede castigarles se produce cuando se incumplen las reglas del aseo. En este periodo la gata asume el papel de educadora. Además del respeto al aseo, inculca a sus cachorros las técnicas de caza, que forman parte de su instinto de supervivencia.

El traslado.- Cuando los gatitos van creciendo y se vuelven más despiertos y audaces, la madre empieza a dejarles solos, con la confianza de que podrán valerse por sí mismos. Es en estos momentos cuando se produce un traslado de los pequeños hasta un lugar en el que encontrar nuevos alimentos y que esté más limpio ya que, aunque las costumbres en el aseo son muy cuidadas, el olor a orina permanece en la estancia.

Las técnicas de caza.- A los 40 días de su nacimiento, la madre empieza a iniciarlos en la caza. El primer paso será comerse una presa muerta, que previamente ha cazado, delante de sus pequeños. Posteriormente, serán llevados los animales todavía vivos y los matará ante la mirada de su prole. Será más tarde cuando les permita participar en la caza y asestar el golpe definitivo a la presa. En el momento en que esta tarea haya sido aprendida, la gata habrá finalizado su tarea y, cuando los pequeños hayan alcanzado las ocho o diez semanas, la madre, de nuevo en celo, podrá dedicarse sin problemas a sus nuevas prioridades.