Las grullas
Leonardo Da Vinci

 

El rey era bueno, pero tenía muchos enemigos. Las grullas, fieles y leales, estaban preocupados por él. Era posible, especialmente de noche, que el enemigo rodease el palacio para apoderarse del soberano.
   -¿Qué haremos?- se preguntaron-. Los soldados, en vez de hacer guardia, se duermen; los perros, siempre de caza y siempre cansados, no se enteran de nada. A nosotras toca vigilar el palacio y hacer  dormir sueños tranquilos a nuestro rey.
   Y así, las grullas decidieron trasformarse en centinelas, asignándose a cada cual una zona con tonos regulares de guardia.
   El grupo más numeroso se distribuyo por el prado que rodeaba el palacio; otro grupo fue situándose  ante todas las puertas de entrada; el tercero decidió apostarse en la cámara del rey para verlo mas de cerca.
  --¿Y si nos vence el sueño?—preguntaron algunas.
-Contra el sueño –respondió la grulla más anciana-emplearemos este remedio. Todas sostendremos una piedra con la pata que tenemos alzada cuando estamos firmes. Si alguna de nosotras se durmiera, la piedra al caer, con su ruido  la despertaría.
   Desde aquel día, las grullas se relevan cada dos horas, para dar guardia al rey. Y ninguna, todavía, ha dejado caer la piedra.
 
                      Este animal, eternamente en pie, es en la
                       leyenda arquetipo simbólico del centinela,
                       vigilante y alerta, fiel y leal cumplidor
          de su deber.