LA OSTRA Y EL CANGREJO

Leonardo Da Vinci

   Una ostra estaba enamorada de la luna. Cuando en el cielo resplandecía la luna llena, se pasaba las horas con las valvas abiertas, mirándola.
   Un cangrejo, desde su puesto de observación, se dio cuenta de que la ostra se abría completamente en el plenilunio, y pensó comérsela.
   La noche siguiente, cuando la ostra se abrió de nuevo, el cangrejo le echo dentro una piedrecilla.
   La ostra, al instante intento cerrarse,  pero el guijarro se lo impidió.
   Así  sucede a quien abre la boca para decir un secreto: que siempre hay un oído que lo apresa.