La leona
 Leonardo Da Vinci
  Los cazadores, armados de lanzas y de agudos venablos, se acercaban  silenciosamente. La leona, que estaba amamantando a sus hijitos,  sintió el olor y advirtió enseguida el peligro.
    Pero ya era demasiado tarde: los cazadores estaban ante ella dispuestos  a herirla.
   A la vista de aquellas armas, la leona, aterrada, quiso escapar, pero pensó que si huía dejaría a sus hijos en manos de los cazadores. Por lo tanto, decidida a defenderlos, bajo la mirada para no ver las amenazadoras puntas de aquellos hierros que la aterraban  y dando un salto desesperado se lanzo sobre los cazadores, poniéndolos en fuga.
Su  extraordinario coraje la salvo.
 
Muchas veces es tan perjudicial no conocer
las propias  limitaciones como menospreciar
la valía de uno mismo. Esta leyenda
es ejemplo de ambos defectos: los cazadores
se creyeron más valientes de lo que eran;
la leona demostró un arrojo que a
ella misma sorprendió.