El vencejo

Leonardo Da Vinci

 
 La venceja, con gritos alegres y alborotados chillidos, había vuelto a su viejo nido.
    Después de limpiarlo y arreglarlo, puso sus huevos. Después los incubo. Al fin, cuando ya hubieron nacidos sus hijos, comenzó a volar del nido al cielo y del cielo al nido, para alimentar a su numerosa familia.
    En cambio, el vencejo volaba. Había volado durante los trabajos domésticos, después mientras ella empollaba, y volaba aún, todos lo días, del alba al crepúsculo, sin darse un instante de reposo.
    -¿Por qué siempre estas volando?  -le preguntaron un día.
    -Porque a mi no me gusta trabajar –respondió.
               
 ¡Cuantas veces el perezoso pasa por mil
             dificultades o trabajos, mucho más fatigosos
 que la tarea que quiere eludir!