La zorra y la urraca

Leonardo Da Vinci

 
Un zorro hambriento dio en llegar un día bajo un árbol donde se había  posado una bandada de bulliciosas urracas.
    El zorro, escondido, comenzó a observarlas y se dio cuenta de que aquellas aves estaban buscando siempre que comer y ni  si quiera tenían miedo de posarse y picotear sobre esqueletos de animales.
    --Probemos—dijo para sí el zorro.
    Despacio, despacio, sin que lo sintiesen, se tumbo,  quedándose inmóvil, con la boca abierta como si estuviese muerto.
    Poco después una urraca lo vio y enseguida se dejo caer del árbol.
    Se acerco al zorro y,  creyéndole muerto, comenzó a picotearle en la lengua.
    Y así dejo la cabeza en la boca del zorro como un cepo.
 
La codiciosa urraca hace aquí el papel de
aquellos   inconscientes que,  engreídos y
abandonando  toda  prudencia, son fácil
presa de otros más astutos que saben
aprovecharse en propio beneficio de sus
debilidades.