FILOSOFÍA

OBJETO Y DIVISIONES

A. LOS ORÍGENES

         La palabra filosofía significa, etimológicamente, “'amor por la sabiduría".  Según una antigua tradición, PITÁGORAS se negaba a aceptar, por modestia, el nombre de sabio (sofos), sustituyéndolo por el de amante de la sabiduría (filósofo), término cuya significación explicaba así: "La vida de los hombres tiene gran semejanza con esas grandes asambleas que se celebran en Grecia, con ocasión de los juegos públicos, a las que unos concurren con propósito de comprar y vender, otros por ganar laureles y fama, y otros, en fin, como simples espectadores. De igual modo, los hombres venidos a este mundo. .. buscan unos la gloria, otros los bienes materiales, y otros, éstos en pequeño número, se dedican a la contemplación, al estudio de la naturaleza de las cosas; estos últimos son los filósofos."  Según esta interpretación pitagórica, la filosofía sería la contemplación reflexiva del universo, y la sabiduría, el conocimiento de la verdad, la ciencia absoluta adquirida por la reflexión.

¿Es éste el verdadero y único objeto de la filosofía? No debe olvidarse que los grandes filósofos, Platón, Aristóteles, Descartes o Kant, no sólo fueron sabios que especulaban sobre la naturaleza de las cosas, sino también maestros que enseñaban a sus discípulos el arte de bien vivir. Conocer el universo en su conjunto, introducir un orden racional en los actos humanos, tal es el doble problema, teórico y práctico, al que debe dar respuesta la explicación filosófica.

 B. DIVISIÓN DEL SABER 

Pero, poco a poco, se arrebataron a la filosofía los campos que parecían pertenecerle. Si, en los comienzos, los diversos ramos del saber formaban un todo indistinto en el seno de la filosofía, a medida que fueron constituyéndose las distintas ciencias de manera más cierta y más precisa, se desprendieron de la filosofía y constituyeron disciplinas autónomas: las matemáticas, con Euclides, fueron las primeras que se sustrajeron a ese yugo; en los siglos XVII y XVIII, las ciencias experimentales se emancipan también y adquieren, como ciencias independientes, extraordinaria importancia: la física y la astronomía con Galileo, Kepler y Newton; la biología con Buffon, Lamarck y, más tarde, con Claude Bernard; la química, con Lavoisier. Por último, en nuestros días, dos partes de la filosofía, la psicología y la sociología, tienden a desprenderse del tronco común, para constituir dos ciencias independientes, y algunos pensadores pretenden también separar la moral para constituir una ciencia positiva de los hechos morales.

     En consecuencia ¿qué objeto podemos atribuir hoy a la filosofía, que ha ido perdiendo, uno a uno, los dominios en que reinaba, y que parece no sobrevivir sino allí donde los sabios no han logrado aún descubrir métodos y leyes rigurosos?

    En modo alguno podemos mantener por más tiempo la confusión que hallamos hasta en los filósofos modernos, ni aceptar la tan conocida fórmula de Descartes, cuando afirmaba que "toda la filosofía es como un árbol en el que las raíces son la metafísica, el tronco la física, y las ramas, que parten de ese tronco, todas las demás ciencias, que se reducen, principalmente, a tres: la medicina, la mecánica y la moral". No podemos aceptar ya hoy esta fórmula, porque en modo alguno debemos confundir la filosofía con cada una de las otras ciencias, que tienen ya completamente definido su objeto propio e intentan estudiar una parte de la realidad. Pero porque las ciencias intentan cada vez más darnos a conocer el universo, ¿no habrá ya razón alguna de filosofar?

C. LAS DIVERSAS CONCEPCIONES DE LA FILOSOFÍA

  El positivismo.-Toda una escuela de filósofos ha negado la legitimidad de la filosofía, al menos como ciencia independiente: fueron éstos los positivistas. Su punto de partida era el siguiente: la ciencia existe y logra sus fines. Las diferentes ciencias van adquiriendo, sucesivamente, su independencia. ¿Qué quedará de la filosofía el día que las últimas ciencias se hayan desprendido de ella y adquirido plena autonomía?

    Según Auguste Comte, fundador del positivismo, toda evolución, del espíritu humano logra alcanzar una fase que él llama estado positivo o científico, en la que el espíritu intenta explicar los fenómenos relacionándolos con otros hechos: "Toda proposición que no pueda, finalmente, reducirse a un hecho particular o ley general, debe considerarse ininteligible."

    En consecuencia: todo conocimiento verdadero es de orden científico. Pero, por otra parte, existen ciertas cuestiones, las de origen o de naturaleza, que la ciencia, por su carácter mismo, no está en condiciones de abordar; todo lo que está fuera del conocimiento científico se considera "incognoscible".

    No quiere esto decir que, en semejante sistema, no exista lugar para la filosofía. Para Auguste Comte, la filosofía es también una disciplina científica. Dada la abundancia de hechos objeto de estudio, los sabios están hoy obligados a especializarse. Ello puede tener una consecuencia lamentable: la de que llegue a predominar en la ciencia el espíritu de especialización, y ello sea causa de un excesivo fraccionamiento, perjudicial al conocimiento del universo. En este estado de cosas, el papel de la filosofía sería, precisamente, mantener la unidad, y coordinar los resultados de los diferentes estudios científicos. La filosofía no se diferencia de la ciencia más que por la generalidad de sus explicaciones, o dicho de otra forma, según la propia definición de Spencer, en este aspecto discípulo de Auguste Comte: "La ciencia está constituida de verdades, que existen más o menos separadamente, y no conoce su integración... El conocimiento de especies inferiores es el conocimiento no unificado; la ciencia es el conocimiento parcialmente unificado; la filosofía es el conocimiento completamente unificado."

    Esta concepción ha sido muchas veces objeto de crítica, y con anterioridad o posterioridad a la doctrina positivista se han dado otras soluciones, que expondremos simultáneamente, ya que todas ellas se inspiran en la misma idea y expresan, poco más o menos, la misma concepción de la filosofía. 

2º Filosofía y metafísica.-  Se dice que la ciencia deja inexplorados algunos dominios del conocimiento. El propio Auguste Comte lo reconocía así al afirmar que el espíritu no puede conocer las cosas en sí mismas, es decir, en su esencia, y debe limitarse a comprobar ciertas relaciones entre los hechos o fenómenos. La solución de los problemas que la ciencia deja por resolver correspondería a la filosofía, o más exactamente, a la metafísica.

    En tanto que la física y la química estudian el cómo de las cosas y se limitan a descubrir las leyes aparentes según las cuales los fenómenos se producen, la metafísica busca el porqué, cosa que espera encontrar en el estudio de la naturaleza de las cosas. Si se trata de explicar la formación de un cuerpo cualquiera, del agua, por ejemplo, todo cuanto la ciencia puede decirnos es que se producirá agua cuando hayamos puesto en presencia, y llevado a determinada temperatura, tales y tales proporciones de hidrógeno y de oxígeno. Pero la ciencia no busca conocer por qué, cuando las condiciones necesarias se han producido, aparece un cuerpo nuevo, con propiedades enteramente nuevas y distintas a las de los cuerpos que han intervenido en su formación. En tanto que la biología nos da a conocer las diversas manifestaciones de la vida, la metafísica pretende descubrir la esencia de la vida. Mientras que la psicología describe las diversas manifestaciones de la actividad pensante, la metafísica busca cuál es la naturaleza de esa actividad. Es decir, que la metafísica se refiere no a la materia con que la realidad se nos presenta, sino a lo que es, en sí misma, esa realidad; que la metafísica investiga las causas primeras y las consecuencias últimas de los fenómenos, es decir, sus razones, mientras que las ciencias no estudian más que el mecanismo de éstos, las condiciones de su producción.

     En resumen, la filosofía, que en tal caso se confunde con la metafísica, es el conocimiento de una realidad más profunda que el universo estudiado por la ciencia, el conocimiento del ser en sí mismo, del ser en tanto que ser, según la expresión de Aristóteles. Esta concepción tradicional que fue, por lo general, la de la antigüedad, la hallamos, aunque bajo diversas formas, a través de la historia y es mantenida aún hoy por ciertos filósofos. Pero ¿cómo puede llegar a conocerse, en sí misma, esa realidad? En opinión de algunos, la razón es bastante para ello, a condición de que sepa emanciparse de los datos de la experiencia, partiendo de los cuales trabaja la ciencia. Según otros, la razón es importante para lograr el conocimiento de la realidad profunda, y afirman la existencia de otra facultad capaz de ponemos en comunicación directa con lo absoluto. Este punto de vista es el sustentado, especialmente, por todos los filósofos místicos, que oponen a la razón la fe, otra forma de conocimiento.  

     Así, la metafísica, que pretende exceder los conocimientos que nos ofrece la experiencia corriente y aun la ciencia misma, se ve obligada a llamar en su auxilio a especiales facultades del conocer, distintas, cualquiera que sea el modo cómo se las considere, de los razonamientos elaborados por toda investigación científica.

     Pero ¿existen tales facultades?

     Kant fue uno de los primeros en plantear el problema con toda claridad: ¿Hay, por encima de la ciencia, un conocimiento de otro orden, susceptible de dar al espíritu conocimientos ciertos? A la cuestión así planteada, Kant responde negativamente: la metafísica, como conocimiento racional, es puramente ilusoria. Después de Kant, Auguste Comte y los positivistas, como ya hemos dicho, afirmaron también la imposibilidad de conocer las cosas en sí mismas.

Pero, indudablemente, es posible ir más lejos que A. Comte y ensanchar los límites del conocimiento científico. Los positivistas tuvieron una idea bastante limitada de la ciencia, y quizá no sea exacto afirmar que ésta no nos enseña nada sobre el fondo de las cosas. Por el contrario, parece que ciertas teorías científicas nos proporcionan un conocimiento más profundo que las leyes que expresan simples relaciones y nos permiten penetrar en la realidad misma de las cosas. Por eso, algunos filósofos se niegan a limitar así el campo de la ciencia, distinguiendo diversas clases de realidades, y afirman:  que todo conocimiento válido es de orden científico;  que toda realidad es cognoscible por la ciencia, si no de hecho y actualmente, al menos de derecho. 

¿Cuál es, entonces, el papel de la filosofía? 

a) LA FILOSOFÍA PROPIAMENTE DICHA.-   Parece que la filosofía, en la medida en que pretende ser fuente de conocimientos precisos y sólidos, no puede apoyarse sino en la experiencia y en la ciencia y que, por otra parte, no debe emplear otro método que aquel cuyo valor haya sido probado, un método rigurosamente científico. Su misión consistirá en trazar una visión de conjunto sobre el desarrollo del Universo, o dicho en otros términos, en realizar una síntesis de las ciencias. Por eso, algunos filósofos han renunciado, en nuestros días, a las construcciones abstractas, limitándose a elaborar, a base de los datos de la historia y de la ciencia, una imagen del espíritu y del mundo, siempre revisable a medida que se extiende el área de los conocimientos positivos. No olvidemos que ya Platón definía al filósofo como el hombre que busca comprender las cosas agrupándolas de manera sintética. Los caracteres de todo sistema filosófico son, pues, ese esfuerzo personal de síntesis y esa visión de conjunto de la realidad. Pero para construir una filosofía adaptada a la vida, una filosofía que no sea la obra arbitraria de una poderosa imaginación, es necesario mantener estrecho contacto con los hechos, a reserva de rectificar incesantemente la teoría a medida que lo exijan los resultados de la experiencia.

b) LAS DISCIPLINAS FILOSÓFICAS.-A la filosofía propiamente dicha deben unirse ciertas disciplinas filosóficas que establecen escalas de valores. Tales estudios, llamados normativos (del lat. norma, regla), enuncian las reglas a que deben someterse, para que tengan algún valor, el pensamiento y la conducta humanos: la lógica es el estudio de las reglas que permiten al espíritu humano alcanzar la verdad, a la que puede añadirse el estudio de los problemas antes abordados relativos al valor de la ciencia y al valor del conocimiento en general; la moral estudia la actividad humana en cuanto que tiene por finalidad el bien; la estética enuncia las reglas que permiten lograr la belleza en el  arte.

c) Con la filosofía se relacionan también de ordinario, estudios como la psicología y la sociología, que por las materias de que se tratan, tienen especial utilidad para la constitución de los diversos estudios filosóficos.

 CONCORDANCIA DE LAS PRINCIPALES DOCTRINAS FILOSÓFICAS

CRONOLOGÍA CHINA INDIA GRECIA Y ROMA

           siglo VI             antes de CRISTO

CONFUCIO

BUDA

 

           siglo V                antes de  CRISTO

   
SÓCRATES
PLATÓN

          siglo  IV             antes de  CRISTO

   
ARISTÓTELES
ESCUELA EPICÚREA
ESCUELA ESTOICA
   desde el siglo III       antes de  CRISTO   
al
siglo VI de C.
   

PLOTINIO (S. III DE C.)

SAN AGUSTÍN (S. IV Y V DE C.)

EDAD MEDIA Y TIEMPOS MODERNOS

CRONOLOGÍA

INGLATERRA Y AMÉRICA

ALEMANIA, AUSTRIA Y PAÍSES BAJOS

FRANCIA E ITALIA

siglo VII  al  siglo XIV DUNS ESCOTO (siglo XIII)  
 
SANTO TOMAS DE AQUINO (Italiano)
(siglo XIII)
S. XV y XVI
(Renacimiento)
     FRANCIS BACON        (siglo XVII)    
siglo XVII
HOBBES
LOCKE
ESPINOSA (de familia judía oriunda de Holanda Leibniz)
DESCARTES
PASCAL
MALEBRANCHE
siglo XVIII
BERKELEY
HUME
KANT
ROUSSEAU
DIDEROT
CONDILLAC
siglo XIX
J. STUART MILL
H. SPENCER
FICHTE
HEGEL
SCHELLING
SCHOPENHAUER
NIETZSCHE
MARX
MAINE DE BIRAN
A. COMTE
RENOUVIER
siglo XX
W. JAMES  (americano)
FREUD (austriaco)
DURKHEIM
BERGSON