Un ratón una comadreja y una gata
Leonardo Da Vinci

 

Aquella mañana el ratoncito no podía salir de su casa: estaba cercado.
Una comadreja hambrienta estaba al acecho y él, por una
pequeña rendija, la veía como vigilaba con atención la entrada,
pronta a saltarle encima.
El pobre ratoncito, sabiendo el peligro que corría, temblaba de miedo.
Pero una gata, cayendo de improviso sobre el lomo de la comadreja,
la  apresó entre sus dientes y  la devoró.
-¡Oh, Júpiter, te doy las gracias! - suspiró el ratoncito, que desde su
agujero había asistido a la escena -. ¡Y te sacrificaré
con placer algunas de mis avellanas!
Así, una vez hecho el devoto sacrificio, salió afuera muy alegre
por haber encontrado la libertad perdida; pero sólo le duro un
segundo porque el pobrecillo la perdió al instante, junto con su vida,
entre los dientes feroces de la gata.
 
Es muy arriesgado confiar en la amistad
de quien demuestra enemistad hacia un
enemigo nuestro; las más de las veces
podemos correr la misma suerte que el
enemigo derrotado.