LA NIEVE
Leonardo Da Vinci

 

Sobre la cumbre de una altísima montaña había una peña; 
sobre la cima de aquella peña había, una vez, un poco de nieve.
Mirando en torno, aquella nieve empezó a fantasear, diciéndose:
- Seguro que dirán que soy presuntuosa y soberbia, y me lo
merezco.  ¿Será posible que un montoncito de nieve, un copo de 
nieve como yo, esté aquí arriba, en un lugar tan elevado, soportando, 
sin ninguna vergüenza, que toda aquella nieve que se puede
ver mirando desde esta montaña esté en cambio más baja? 
Un copo de nieve no merece esta sublime altura, y es justo que también 
yo, para convencerme mejor de mi pequeñez, reciba del sol
el mismo trato que diera ayer a los otros copos, mis compañeros:
  los destruyó con una sola mirada. Y todo porque también ellos
 se habían puesto más alto de lo que debieran. Pero yo quiero 
evitar la justicia del sol, quiero descender a un lugar más  
conveniente a mi propio tamaño.
Y así diciendo, el copo de nieve, entumecido de frío, se arrojó
de la peña y abajo rodando desde la altísima cumbre del monte. Pero
cuanto más descendía, más aumentaba su tamaño. Aquel copo de
nieve se volvió pronto una gran bola, transformándose, al seguir
 rodando, en una avalancha. Su carrera, al fin, terminó sobre una
colina, y la avalancha era grande como la colina que la retenía.
Así, durante el verano, aquella nieve fue la última en derretirse al sol.

Enseñanza de esta fábula: los que se humillan serán ensalzados.