La llama
Leonardo Da Vinci
Desde hacía más de un mes, en el horno de la vidriería donde
hacían las botellas y los vasos, la llamas chisporroteaban.
Un día vieron una vela, sobre un hermoso candelabro brillante,
que se acercaba hacia ellas. Pronto, con gran ansiedad, se
esforzaron por acercarse a aquella dulce llamita.
Una especialmente, escabulléndose del tizón que la alimentaba,
volvió la espalda al horno y pasando por una rendija se lanzó
sobre la vela, devorándola ávidamente.
Pero al hacerlo, la voraz llama consumió pronto hasta su fin a
la pobre vela; y de ahí que, no queriendo morir con ella, tratara
de volver al horno de donde había huido.
Pero no consiguió librarse de la blandura de la cera, y en vano
pidió ayuda a las otras llamas.
Llorando y gritando se transformó en fastidioso humo, dejando
a sus hermanas en los esplendores de una vida larga y bella.
 
 
El afán de superación, cuando no radica
en razones ilusorias, es digno de alabanza;
pero la reflexión previa y la seguridad de
recuperar, en caso necesario, la posición
que antes se ocupaba, son precauciones
siempre aconsejables.