La hormiga y el grano de trigo
Leonardo Da Vinci
    Un grano de trigo se quedó solo en el campo después de la siega.
    Una hormiga lo vio, se lo hecho a la espalda y entre grandes fatigas se dirigió hacia el lejano hormiguero.
      Camina que te camina, el grano de trigo parecía cada vez más pesado sobre la espalda cansada de la hormiga.
   - ¿Por qué no me dejas tranquilo? - dijo el grano de trigo.
   La hormiga respondió:
   - Si te te dejo tranquilo no tendremos provisiones para el invierno. Somos tantas, nosotras la hormigas, que cada una debe llevar a la despensa el alimento que logre encontrar. 
   - Pero yo no estoy hecho para ser comido - siguió el grano de trigo -.  Yo no soy una semilla llena de vida, y mi destino es el de hacer crecer una planta. Escúchame, hagamos un trato.
   La hormiga, contenta de descansar un poco, dejó en el suelo la semilla y preguntó:
   - Qué trato?
   - Si tu me dejas aquí, en mi campo - dijo el grano de trigo -, renunciando llevarme a tu casa, yo, dentro de un año, te daré cien granos de trigo iguales que yo.
   La hormiga lo miró con aire de incredulidad.
   - Sí, querida hormiga, puedes creer lo que te digo. Si hoy renuncias a mí, yo te daré cien granos como yo, te regalaré cien granos de trigo para tu nido.
   La hormiga pensó:
   - ¡Cien granos a cambio de uno solo...! ¡Es un milagro!
   - ¿Y cómo harás? - preguntó al grano de trigo.
   - Es un misterio - respondió el grano -. Es el misterio de la vida. Excava una pequeña fosa, entiérrame en ella y vuelve así que pase un año.
   Un año después volvió la hormiga.
   El grano de trigo había mantenido su promesa.