LA CLEMÁTIDE

Leonardo Da Vinci

    
A la sombra del seto, la clemátide retorcía sus verdes brazos alrededor de los troncos y las ramas del espino.
     Al llegar a lo alto miró a su alrededor y vio otro seto que flanqueaba otra parte del camino. 
     Cuánto me gustaría llegar hasta allá - dijo- la clemátide -. Aquel seto es más bello y más grande que este. 
     Y poco a poco, extendiendo los brazos, se fue, día tras día, acercando cada vez más al seto de enfrente. Concluyó por alcanzarlo, se enlazo a una rama y comenzó feliz a crecer rodeándolo. 
     Pero poco a poco, por aquel camino comenzaron a pasar los caminantes, quienes se encontraron de pronto frente a aquellas ramas de clemátide que les cerraban el camino. Entonces la despedazaron, la arrancaron del cercado y la tiraron al foso.
    
 
Al seguir el camino trazado hemos
de asegurarnos de no interferir otras
trayectorias más importantes o poderosas
que puedan deshacer nuestras ilusiones.