El castaño y la higuera
Leonardo Da Vinci
Un viejo castaño vio un día a un hombre subido en una higuera.
El hombre atraía hacia él las ramas, arranca los frutos y uno detrás de
otro se los ponía en la boca, deshaciéndolos con sus duros dientes.
El castaño, con un largo murmullo de hojarasca, dijo:
- ¡Oh, higuera, cuánto menos debes que yo a la madre naturaleza!
¿Ves cómo me ha hecho? ¡Qué bien ha protegido y ordenado mis
dulces hijos, al vestirlos primero con una camisa sutil, sobre
la cual ha puesto una chaqueta de piel dura y forrada! Y no contenta
con haberme hecho tanto bien, ha construido para ellos una cubierta sólida y encima ha plantado muchas aguzadas espinas para defenderlos 
de las manos del hombre.
Un higo, al oír esto, se echó a reír y después de haber reído mucho dijo:
- ¿Pero tú conoces al hombre? Tiene tal ingenio que de todos modos se 
llevará tus frutos.  Armado de pértigas, de palos, de piedras, sacudirá
tus ramas, hará caer tus frutos y cuando estén caídos los pisoteará o
los aplastará con las piedras para sacarlos de la cáscara tan erizada de 
espinas, y tus hijitos saldrán de ella maltrechos, rotos y estropeados.
En cambio, yo soy tratado con delicadeza, ya que únicamente me
tocan con las manos.
 
 
Suelen obtener mejores resultados el que en
lugar de oponerse ciega y tercamente a
los embates del infortunio, cede a sus ataques
o los sortea, esperando con la mente
despierta, la mejor oportunidad de cambiar
su suerte.