El gato y los ratones

Jean de la Fontaine

 
Un gato, llamado Rodilardo, causaba entre las ratas tal estrago y las diezmaba de tal manera que no osaban moverse de su cueva.
  Así, con tal penuria iban viviendo que a nuestro gato, el gran Rodilardo, no por tal lo tenían, sino por diablo.
Sucedió que un buen día en que Rodilardo por los tejados buscaba esposa, y mientras se entretenía con tales cosas, reuniéronse las ratas, deliberando qué remedio tendrían sus descalabros.
   Habló así la más vieja e inteligente:
  -Nuestra desgracia tiene un remedio:
¡atémosle al gato un cascabel al cuello!
  Podremos prevenirnos cuando se acerque,
poniéndonos a salvo antes que llegue.
  Cada cual aplaudió entusiasmada; esa era la solución ¡estaba clara!
  Mas poco a poco reaccionaron las ratas, pues ¿cuál  iba a ser tan timorata?
  ¡Quién iba a atarle el cascabel al gato!

 

Así he visto suceder más de una vez -y no hablo ya de ratas, sino de humanos-: ¿a quién no lo han golpeado los desengaños?
  Tras deliberaciones, bellas palabras, grandes ideas... y, en limpio, nada.