La bella durmiente

 
Había una vez... en un hermoso castillo,  una reina que dio a luz una niña muy hermosa. Al bautismo invitó a todas las hadas de su reino, pero se olvidó, desgraciadamente, de invitar a la más malvada llamada maléfica. A pesar de ello, esta hada maligna se presentó igualmente al castillo y, al pasar por delante de la cuna de la pequeña, dijo despechada: 
"¡A los dieciséis años te pincharás con un huso y morirás!"
Un hada buena que faltaba de darle su obsequio  al oír el maleficio, pronunció un encantamiento a fin de mitigar la terrible condena: al pincharse en vez de morir, la muchacha permanecería dormida durante cien años y solo el beso de un joven príncipe la despertaría de su profundo sueño. El rey  ordeno quemar todos los husos del castillo para que la princesa no pudiera pincharse con ninguno. 
 
      El rey ordeno a las tres hadas flora, fauna y primavera que se la llevaran lejos, donde estuviera a salvo,  la llevaron al campo, ahí vivió feliz  hasta sus dieciséis años, el día de su cumpleaños las hadas decidieron hacerle un pastel y un hermoso vestido pero para que no se diera cuenta la mandaron al bosque a cortar fresas.
 
Al caminar por el bosque empezó a cantar y los animalitos se acercaron a ella y empezaron a bailar, pero un búho le quito la capa y las botas al príncipe que estaba sentado bajo un árbol, al oír la hermosa voz empezó a buscar quería saber quien cantaba tan hermoso. Cuando estaba bailando con el búho el príncipe se acerco y bailo con ella. Ella dijo que se tenia que ir porque sus tías la estaban esperando. Mientras tanto en la cabaña las hadas usaron su magia y maléfica se dio cuenta donde estuvieron escondidas durante 16 años. Las hadas al saber que maléfica las descubrió se la llevaron de regreso al castillo.
 

 

No obstante, el día que cumplía los dieciséis años, la princesa acudió a un lugar del castillo que todos creían deshabitado, y donde una vieja sirvienta, desconocedora de la prohibición del rey, estaba hilando. Por curiosidad, la muchacha le pidió a la mujer que le dejara probar. "No es fácil hilar la lana", le dijo la sirvienta. "Mas si tienes paciencia te enseñaré." La maldición del hada malvada estaba a punto de concretarse. La princesa se pinchó con un huso y cayó fulminada al suelo como muerta..

 
Entonces, el hada buena pensó: 'Si con un encantamiento se durmieran todos, la princesa, al despertar encontraría a todos sus seres queridos a su entorno.' La varita dorada del hada se alzó y trazó en el aire una espiral mágica. Al instante todos los habitantes del castillo se durmieron. " ¡Duerman tranquilos! Volveré  para vuestro despertar." dijo el hada echando un último vistazo al castillo, ahora inmerso en un profundo sueño. 
       En el castillo todo había enmudecido, nada se movía con vida. Péndulos y relojes repiquetearon hasta que su cuerda se acabó. El tiempo parecía haberse detenido realmente. Alrededor del castillo, sumergido en el sueño, empezó a crecer como por encanto, un extraño y frondoso bosque con plantas trepadoras que lo rodeaban como una barrera impenetrable. El castillo quedó oculto con la maleza.
 
Mientras las hadas ayudaban al príncipe a liberarse de la malvada maléfica, el príncipe lucho y termino con maléfica. al llegar al castillo se encontró que el castillo estaba rodeado de zarzales. El príncipe descendió de su caballo y, con su espada, intentó abrirse camino. Avanzaba lentamente porque la maraña era muy densa. Descorazonado, estaba a punto de retroceder cuando, al apartar una rama, vio... Siguió avanzando hasta llegar al castillo. El puente levadizo estaba bajado. Llevando al caballo sujeto por las riendas, entró, y cuando vio a todos los habitantes tendidos en las escaleras, en los pasillos, en el patio, pensó con horror que estaban muertos, Luego se tranquilizó al comprobar que solo estaban dormidos. "¡Despierten! ¡Despierten!", grito una y otra vez, pero en vano. Cada vez más extrañado, se adentró en el castillo hasta llegar a la habitación donde dormía la princesa. Durante mucho rato contempló aquel rostro sereno, lleno de paz y belleza; sintió nacer en su corazón el amor que siempre había esperado en vano. Emocionado, se acercó a ella, y delicadamente la besó... Con aquel beso, de pronto la muchacha  abrió los ojos, despertando de su sueño. Al ver frente a sí al príncipe, murmuró: ¡Por fin haz llegado! En mis sueños acariciaba este momento tanto tiempo esperado." El encantamiento se había roto. La princesa se levantó y tendió su mano al príncipe. En aquel momento todo el castillo despertó. Todos se levantaron, mirándose sorprendidos y diciéndose qué era lo que había sucedido. Al darse cuenta, corrieron locos de alegría junto a la princesa, más hermosa y feliz que nunca.
  Al cabo de unos días, el castillo, se llenó de cantos, de música y de alegres risas con motivo de la boda. 

    Fin