CUENTOS

 

                                             

 

  LOS MÚSICOS DE BREMEN
En un lugar cercano a la ciudad de Bremen vivía un burro. Estaba tan viejo que ya no podía trabajar. El burro pensó que como cantaba tan bonito  podría formar una orquesta.
 El burro se encontró con un perro viejo y triste a quien sus dueños echaron de la casa, y le dijo:
—tu cantas muy bonito. ¡Vámonos a Bremen y formaremos una orquesta!
  El burro y el perro se encontraron un gato viejo y triste que ya no podía cazar ratones y a quien sus dueños echaron de la casa. El burro le dijo: -tu cantas muy bonito. ¡Vámonos a Bremen y formaremos una orquesta!
  El burro, el perro, y el gato sé encontraron con un gallo viejo y triste,  a quien sus dueños querían hacer en caldo. El burro le dijo: ¡Vámonos a Bremen y formaremos una orquesta!
  Cuando llegaron a Bremen todos vieron una casa de luces encendidas. El burro les dijo:
—¿Qué les parece si cantamos?—Tal vez nos den de comer—. Pero dentro de la casa estaban tres ladrones.
  El perro subió sobre el burro, el gato sobre el perro y el gallo sobre el gato. Contaron hasta tres y empezaron a cantar.
  Los ladrones se asustaron con los horribles cantos y salieron corriendo de la casa.
  Entonces el burro, el perro, el gato, y el gato entraron a la casa, comieron y se durmieron.
Los ladrones regresaron a la casa.
  Pero al entrar...
El gallo los picó.
El gato los rasguño.
El perro los mordió.
Y el burro los pateó.
  Los ladrones salieron corriendo y nunca mas volvieron.
Los animales decidieron quedarse a vivir en la casa, donde cantaban alegremente.
Desde entonces la gente los llamó
Los músicos de Bremen.
                                                                     Enviado por:  
                                                                            Pablo Iván Bonilla Ceballos.

 

 

 

 

 

  El rey de los animales

En medio de la selva había una castillo.
En medio del castillo había un trono.
Si alguien duraba tres días sentado en el trono, se convertiría en rey de los animales.
  Un día llego el ratón y dijo: —yo seré el rey—y se sentó en el trono.
Al día siguiente llego un gato maullando, asusto al ratón y gritó: —yo seré el rey—y sé sentó en el trono.
Un día después un perro llego ladrando, asusto al gato y grito: —yo seré el rey—y sé sentó en el trono.
  Al día siguiente el león llegó rugiendo, asusto al perro y grito: —yo seré el rey—y sé sentó en el trono.
  Al otro día, un elefante llegó barritando, asusto al león y gritó: —yo seré el rey—y sé sentó en el trono.
  De rato el ratón regreso y chilló tan fuerte que asusto al elefante. Durante tres días el ratón permaneció el trono.
  Entonces llegaron todos los animales admirados por la fuerza de voluntad del ratón lo coronaron rey.
   
Enviada por:
Diego Emilio Bonilla Ceballos.

 

 

 

 

 

 

  LA CUCARACHA COMELONA 

   A una cocina sucia y descuidada con restos de dulces y
hasta de carne asada, un día llego muy burlona una cucaracha comelona.
  Y con paso veloz saboreo un plato de arroz.
  Por la estufa se apresura y salta al bote de basura.
¡Que banquete delicioso!
¡Por aquí hay un chicloso!
  En la cocina sigue buscando y hasta la mesa sigue volando.
  ¡ Y se encuentra un piloncillo y un sabroso jamoncillo!
  La cucaracha tanto comió que una indigestión le dio.
  Pero un té de manzanilla se receta la muy pilla.
Y a la cocina regresas por un helado de fresa.
           
Enviado por:
Aranza Daniela Bonilla Ceballos.

 

 

 

  LA ABUELA LOCA

Mi abuela está loca. Tiene el pelo largo, teñido de rosa chicle, siempre está inventando canciones y bailando, le da lo mismo que sea una canción de los "Rolling", de "El Fari" o lo último de los "cuarenta". Le encantan los ordenadores, que maneja a la perfección. Su buzón de Internet está permanentemente plagado de mensajes de personas de todos los países y de todas las edades, amigos que ha ido encontrando en sus múltiples incursiones por el mundo cibernético. Ella siempre dice que el progreso nos llevará a los jóvenes por el camino de la paz. En este mundo, que nos pintan gris, que nos filman destruido, ella dice que nosotros, los niños del 2000, tenemos en nuestras manos el planeta y no debemos permitir que los adultos nos lo dejen hecho una marranada.
Mi abuela piensa también que los animales son más racionales que los hombres y por ello quiere que miremos al mundo animal y lo imitemos en sus comportamientos, que nos metamos en el mar y nademos como los delfines, que seamos tan leales como los perros, tan independientes como los gatos, que cantemos como los pájaros, que defendamos a nuestros hijos como los leones, que descansemos como los osos cuando estemos cansados y corramos como los conejos cuando tengamos ganas de sentirnos libres, que trabajemos como las hormigas en grupo, que saltemos como los canguros para intentar coger las estrellas, que nos subamos a los árboles y nos colguemos boca abajo como el oso perezoso para así, ver las cosas desde otra perspectiva. Que nos adaptemos a nuestro hábitat y, como además somos inteligentes, que intentemos cambiarlo para poder vivir mejor.
Para ello nos propone reír siempre que estemos contentos para hacer felices a los que nos rodean y llorar a moco tendido cuando tengamos un mal momento, sin ningún complejo, porque las lagrimas te limpian el alma y un alma limpia es el mejor remedio contra la tristeza y el mejor aliado de la paz.
Mi abuela está chiflada se viste con zapatos de suplemento, sus colores preferidos los saca del arco iris y se los pone para alegrar la ciudad, siempre tan sucia y siempre tan oscura. No usa bolsos, prefiere las mochilas que le permiten moverse con libertad mientras pasea por las calles bailando como la niña que aún sigue siendo, mientras tararea alguna cancioncilla de su propia cosecha.
Mi querida abuela me anima para que estudie y para que aprenda todo lo que puedan enseñarme, dice que la sabiduría no se puede imponer, que tiene que adquirirse con el paso de los años, que son los ancianos los que están más cerca de la muerte de los que tenemos que aprender a vivir, porque ellos han  de ser el propósito de los mas jóvenes que creemos que es mejor morir antes de tener arrugas, sin darnos cuenta que eso es un síntoma de cobardía y no de rebeldía.......... 

Ojalá algún día pudiera ser como mi abuela

    ENVIADO POR:

Maria García Borrego

 

 

 

 

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