MAS BARRABASADAS DE LOS 4 INVENCIBLES

 
Los Cuatro invencibles estaban hastiados de las diabluras usuales.   Roco, Tico, Maco Y Paco pretenden ser terribles.   Para conservar su fama de invencibles, diariamente repiten travesuras y barrabasadas para dejar boquiabierta a la chiquillería del barrio.   Todo eso a cambio de recibir una buena ración de palos y pescozones.   La fama es fatigosa: romper cristales, encaramarse al techo para derramar agua sobre las personas que transitan, echar arena en la comida que prepara la cocinera, asustar a las señoras, agachándose tras ellas y ladrando como perro que va a morder las pantorrillas; pues, resulta más que suficiente para cansar a quienes practican tales salvajadas.   Pero la repetición constante de sus diabluras terminó por ser tan natural como la sucesión del día y de la noche.   Fueron tenidos por una plaga inevitable e, hicieran lo que hicieran, ya ni los bobalicones los admiraban.   Por eso, para conservar su cuádruple notoriedad Roco, Tico, Maco y Paco rogaron a Cri-Crí que los dejara entrar al País de los Cuentos.
    Si Cri-Crí hubiera sospechado sus intenciones, no habría cometido la equivocación de acceder.   Para que los niños penetren en persona a las grandes regiones de la fantasía, Cri-Crí los hace acostarse en el suelo con un libro de cuentos como almohada y comienza a tocar su violín.   El libro debe de ser bueno, el suelo duro, tranquilo el sitio y sereno el cielo.   Sonó el violín y antes de veinte compases ya estaban Los Cuatro Invencibles dentro del mundo de la imaginación.   Los niños se restregaron los ojos pero en vez de admirar la belleza que los rodeaba, se dedicaron a la ofensiva.   La primera víctima fue el dragón que se usa en los cuentos para robar princesas; en verdad se trata de un infeliz dragón, bastante tímido y mal alimentado; sólo come fuego.   Los Cuatro Invencibles, a una, le dieron un formidable tirón de cola.
  El dragón, asustado, corrió a esconderse tras un perchero donde cuelga sus escamas domingueras.   Aún no cesaban de reír los cuatro, cuando a sus carcajadas se unieron las de otro par de tipos que son los villanos de las canciones de Cri-Crí: el Ratón Vaquero y el Abejorro Mostachón.
    Como Dios los cría y ellos se juntan, inmediatamente se formo una pandilla enemiga del orden y de la urbanidad.   Las hadas habían dejado sus finos velos tendidos sobre las flores; salpicar los velos con fango fue lo que hizo esta media docena de patanes.   ¡Y echaron a correr! Pero el Ratón Vaquero cayó en una cárcel automática, cosa que siempre sucede.