EXPULSIÓN MUSICAL DE INGRATOS

 
Las fechorías de Los Cuatro Invencibles y su par de cómplices pronto fueron conocidas hasta el confín del País de los Cuentos.   El último en enterarse fue un faquir que usa una esfera de cristal para conocer el futuro.   Las malas noticias hicieron que las hadas, los príncipes azules, las pastoras de cabellos de oro, así como los gigantes, las brujas y las peñas encantadas, sintieran común indignación.
     A todo esto, Cri-Crí no estaba en el País de los Cuentos, sino que había retornado a la vida real, para conseguir una patente sobre discos cuadrados, porque los discos redondos ya no son ninguna novedad.   Pero hay modos misteriosos de comunicación: cuando Cri-Crí sintió cierto escozor particular en la oreja, que está del otro lado de la otra, presintió que algo inusitado ocurría en su otro mundo.   Y, abandonando la idea de los discos cuadrados para que la aprovechara el primer inventor que diera vuelta a la esquina, voló al País de los Cuentos.   Poner un pie en él y enterarse de las calamidades acontecidas, fue cosa más breve que un suspiro.
    Al Ratón Vaquero y al Abejorro Mostachón hay forma de castigarlos musicalmente; con Los Cuatro Invencibles ya era distinto; medirles las costillas con la vara del violín salía sobrando, porque esos niños están habituados a recibir palizas con garrotes más gordos.
    Sólo quedaba un recurso: despedirlos del País de los Cuentos; y así como para hacerlos entrar, Cri-Crí había tocado dulcemente, para despacharlos ejecutó una cadencia de música modernista.   Poe arte de sonido mágico Los Cuatro Invencibles se encontraron de repente ante la puerta de su propia casa y de narices ante su tía Ripia que, automáticamente, les dio una tunda por llegar tarde.
    Muchos niños, antes que ellos, han entrado en el País de los Cuentos; algunos de esos niños son célebres en la literatura de libros de hadas, y os será fácil leer sus aventuras.
   Penetrar en la región de la fantasía es algo muy sencillo, basta con tener muchas ganas de emprender el viaje.   Pero Cri-Crí suplica atentamente, a quienes lleguen a ese sitio, respetarlo todo, no lastimar a los enanitos, ni tirar de la cola al dragón.   ¡Los esperamos por allá!
    ¿Por qué no viajar en el trenecito, cuya locomotora arroja humo de algodón?