Tenoch o Tuna de Piedra

(¿? - ¿1366?)

 Fundador de México-Tenochtitlan 

Aztlán era un hermoso lugar. Tenía una bella laguna llena de buena pesca, muchas garzas y abundante alimento, pero los aztecas, sometidos a una casta de príncipes orgullosos, querían un lugar propio donde vivir en libertad.

Su dios Tezcatlipoca, el Prodigioso, oyó sus ruegos y por medio de su sacerdote Huitzilopochtli les prometió un sitio tan bello como Aztlán para vivir. Sólo tendrían que adorarlo y proclamar su culto. Los aztecas sabrían cuando llegaran al lugar prometido porque en él encontrarían un águila, parada en un nopal, devorando una serpiente.

  El sacerdote Huitzilopochtli fue su guía en el largo peregrinar que iniciaron hacia el año 1111 de nuestra era. Cargando la efigie de su prodigioso dios, aquél hablaba durante las ceremonias religiosas con la divinidad, que le transmitía las normas de conducta y la ciencia ancestral a su pueblo.

En el viejo Culhuacan, Tezcatlipoca anunció a Huitzilopochtli su próximo fin, pero a la vez le prometió la eternidad ya que el mismo dios penetraría en sus huesos y su cráneo y desde ellos seguiría aconsejando a su pueblo.

La caja de piedra que encerraba los restos de Huitzilopochtli atravesó planicies, desiertos y valles en los hombros de los teomamas o sacerdotes que encabezaban la peregrinación y con quienes el dios se comunicaba. En su honor, los aztecas cambiaron de nombre y se comenzaron a llamar mexicas, o adoradores de Mexitli, como también se llamaba a Huitzilopochtli, y convirtieron a éste en dios de la guerra.

Caminaron cerca de 200 años. Al llegar al valle del Anáhuac en el año 1255, aproximadamente, y establecerse en Chapultepec, un joven sacerdote llamado Tenoch comenzó a dirigirlos. Bajo su mando, los mexicas comenzaron a prosperar, lo que no agradó a los pueblos vecinos, quienes les hicieron la guerra obligándolos a dejar Chapultepec y mataron a Huitzilíhuitl "el Viejo” al que por indicaciones de Tenoch se había nombrado gobernante militar. Entonces los aztecas se convirtieron en tributarios de los culhuacanos, quienes los mandaron a Tizapán, un lugar terriblemente malo para vivir. Sin embargo, los mexicas resistieron la prueba y sobrevivieron.

Los sacrificios humanos que practicaban los mexicas hicieron que los culhuacanos consideraran peligrosa su presencia y los expulsaran de su territorio, persiguiéndolos hasta las riberas del lago. Obligados a penetrar en sus aguas, Tenoch y su tribu llegaron a un islote rocoso donde observaron con asombro y alegría cómo en un nopal se encontraba un águila devorando una serpiente. ¡La profecía se había cumplido! Ése era el sitio donde levantarían una ciudad en honor del dios Huitzilopochtli. Tenoch inmediatamente le hizo construir un templo y fundó la ciudad de México y de su promesa sagrada - Tenochtitlan-. Así, en medio de un lago donde sólo crecían tules, Tenoch y los mexicas fundaron la ciudad que llegaría a ser una de las más bellas del mundo prehispánico. Esto ocurrió en 1325.

Todavía Tenoch dirigió los destinos de su pueblo cerca de 30 años más. Cuando murió el anciano dirigente, ya los tenochcas tenían una ciudad bien asentada y un templo digno del a grandeza de su dios Huitzilopochtli.