JOSEFA ORTIZ DE DOMÍNGUEZ

(1768-1829)

 Una de las mujeres más valientes de la historia de México fue María de la Natividad Josefa Ortiz de Domínguez, quien nació en Valladolid, hoy Morelia, el 18 de septiembre de 1768.

Fue la segunda hija del matrimonio formado por José María Ortiz y Manuela Girón, quienes murieron cuando Josefa era muy niña. Su hermana María Sotero se encargó de velar por ella, y ambas se trasladaron a la ciudad de México para que Josefa ingresara al Colegio de las Vizcaínas y pudiera aprender lo que las jovencitas de su época: a leer, escribir, hacer cuentas y bordar.

Fue en la ciudad de México donde conoció a don Miguel Domínguez, importante funcionario del gobierno virreinal, quien impresionado por la personalidad y la belleza de la joven pidió su mano en matrimonio.

El hogar de la nueva pareja fue frecuentado por intelectuales con ideas liberales, costumbre que no se perdió cuando el matrimonio se trasladó a Querétaro, ya que don Miguel había sido nombrado corregidor de esa importante y bella ciudad.

Las reuniones en las que cada día más se hablaba de política se multiplicaban por el territorio de la colonia: España había sido invadida por las tropas de Napoleón Bonaparte y el rey Carlos IV había sido obligado a renunciar al trono. Corría el año de 1808 y una idea ganaba fuerza en la Nueva España: la de la independencia.

El grupo que frecuentaba la casa de la corregidora estaba formado por el cura de Dolores, Miguel Hidalgo y Costilla, y los militares Ignacio Allende y Juan Aldama. Los conspiradores decidieron iniciar el movimiento insurgente en octubre de 1810. Sin embargo, sus propósitos fueron descubiertos y se le encomendó al corre­gidor Domínguez investigar los hechos.

El 15 de septiembre de 1810, Don Miguel Domínguez encerró a su esposa doña Josefa con el afán de protegerla. Ella, sin embargo, se las ingenió para avisar al alcaide Ignacio Pérez, quien vivía exactamente abajo de donde estaba encerrada, para que diera aviso a los conspiradores del peligro que corrían.                

Este hecho precipitó los acontecimientos. En la madrugada del día 16 Hidalgo daba inicio en Dolores a una guerra que no terminaría sino hasta 1821. Durante esos años doña Josefa apoyó la lucha, pero fue arrestada y condenada a prisión. Don Miguel Domínguez, ciego y enfermo, logró que fuera liberada en 1817.

Después de la consumación de la Independencia, Agustín de Iturbide quiso ganársela para sus propósitos imperiales, a los que ella se opuso. Murió sola y enferma en la ciudad de México en 1829. Sus restos descansan en la ciudad de Querétaro.

En 1894 fue nombrada Benemérita de la Patria y su nombre se inscribió con letras de oro en el Congreso del estado de Querétaro.