FRAY BERNARDINO DE SAHAGÚN
(1499-1590)

   Nació en Sahagún, en el reino de León, España, entre 1499 y 1500. Se dice que su apellido era Ribeira, y lo cambió por el nombre de su villa natal. Nada sabemos sobre los primeros años de su vida. Estudió en Salamanca y allí mismo tomó el hábito franciscano. Era muy apuesto, por lo cual dice otro fraile cronista, Juan de Torquemada, que "lo escondían los religiosos ancianos a la vista de las mujeres". Llegó a la Nueva España en 1529, en compañía de 20 frailes más de su orden. Probablemente en el mismo barco venían de regreso los indígenas nobles que Cortés había llevado a España para presentarlos al emperador, y tal vez en el viaje fray Bernardino comenzó a aprender náhuatl, lengua que muy pronto dominaría.

Los primeros años de su residencia en la Nueva España los pasó en Tlalmanalco, cerca de Amecameca. Durante su estancia en este lugar, movido por el impulso de acabar con las antiguas prácticas religiosas de los indios y en busca de ídolos que destruir, así como por su despierta curiosidad e interés en las cosas de esta tierra, y contando además con las fuerzas de la juventud (tenía entonces poco más de 30 años), realizó la ascensión a los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl, llegando hasta la boca de sus cráteres.

Fue guardián del convento de Xochimilco, y se piensa que él mismo lo fundó en 1535. En esa época, al ver que los indígenas del lugar seguían con la antigua costumbre de ofrecer copal a un ídolo que se encontraba en el fondo de una fuente natural, penetró bajo las aguas, sacó al ídolo y en su lugar puso una cruz. A partir de entonces ese sitio se llamó Santa Cruz Acalpixcan.

Durante cinco años enseñó latín e historia europea en el colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, al que asistían los hijos de los nobles indígenas, y en 1539 era lector en el convento anexo a la escuela. De 1540 a 1545 trabajó en el valle de Puebla y la región de los volcanes. En esta época escribió su Sermonario en náhuatl, donde se revela el enorme deseo del franciscano por convertir a los indígenas.

En 1545 le tocó presenciar, la erupción del volcán Citlaltépetl o Pico de Orizaba, hecho que describe brevemente en uno de sus escritos. Pocos meses después vuelve a Tlatelolco, donde a partir de entonces se dedica al ministerio sacerdotal. Al año siguiente hubo una gran epidemia de tifo y viruela en la Nueva España, y la mayoría de los indígenas del país murieron a causa de ella. Sahagún se dedicó a dar auxilio físico y espiritual a los enfermos, y cuenta que enterró más de 10 000 cuerpos. Casi al finalizar la epidemia, contrajo la enfermedad y estuvo al borde de la muerte, por lo que fue llevado al convento grande de San Francisco en Mé­xico, donde estaba la enfermería.

Vivió en una época de cambios y encuentros entre dos culturas muy distintas, y pudo darse cuenta de que la mexica cambiaría al mezclarse con la europea, por lo que con gran perseverancia e inteligencia se dedicó a conocer las complejidades del mundo indígena. Desde 1547 empezó a investigar y reunir datos acerca de la cultura, las creencias, las artes y las costumbres de los antiguos mexicanos. Diez años después, inventó y puso en marcha un moderno método científico para la investigación: la elaboración y aplicación de cuestionarios, para lo cual recibió la ayuda de sus alumnos indígenas de Tlatelolco que, además de su lengua materna, el náhuatl, habían avanzado en el conocimiento del castellano y del latín. Su plan consistió en que los ancianos sabios le proporcionaran datos, en forma oral y por medio de pinturas, sobre festividades y costumbres prehispánicas. Logró que varios principales le dieran "razón de todo", y estos informantes le describieron ritos, ceremonias, festejos populares, le dieron detalles de imágenes y templos, y finalmente le proporcionaron pinturas que ellos mismos realizaron.

Esta investigación la llevó a cabo en tres lugares: Tepepulco (parte de Texcoco), Tlatelolco y la ciudad de México. Con la información de los dos primeros sitios realizó dos obras en náhuatl, conocidas como Códices matritenses, ya que ahora se encuentran en Madrid, y en la ciudad de México redactó la versión final, mucho más completa que las otras, y que es la Historia general de las cosas de la Nueva España, escrita en castellano y en náhuatl. Obra monumental por su contenido, que incluye en 12 libros información referente a las ideas, costumbres, instituciones y religión de los antiguos mexicanos, así como sobre la fauna y la flora de este país, además de algunos textos con discursos y cantares.

Por intrigas de los frailes de su misma orden, en 1577 el rey Felipe II mandó recoger todas las versiones y copias de la obra de Sahagún, por temor de que los indígenas siguiesen apegados a sus creencias si éstas se conservaban en su lengua. Sahagún entregó a su superior la versión escrita en castellano y en náhuatl; la cual se envió a Europa y ahora se conoce como Códice florentino, por hallarse en la ciudad de Florencia, Italia.

Esa labor tesonera de casi 30 años estuvo a punto de perderse si no hubiera sido por la previsión de Sahagún, quien no obstante que entregó a las autoridades los originales de su  historia, conservó papeles de gran importancia que le permitieron rehacer su obra ocho años después. Toda esta abundante y magnífica información permaneció en el olvido, hasta que Francisco del Paso y Troncoso -profundo conocedor del náhuatl y gran historiador mexicano- publicó los originales conservados en Madrid y en Florencia con el título de Historia general de las cosas de la Nueva España, en los primeros años de nuestro siglo.

Fray Bernardino de Sahagún falleció a los 90 años o poco más, en el convento de San Francisco en la ciudad de México, y quiso ser enterrado entre "sus hijos los indios", a los que amó con extraordinaria ternura.